Observación de un niño de dos años recién cumplidos

 La observación se realizó a un niño Luca, en su fiesta de cumpleaños por sus 2 años, la cual duro aproximadamente 5 horas, en la que pude determinar diferentes situaciones, en cuanto a la relación con otras personas y sus actitudes y actividades.

 

OBSERVACION

 

Luca en el momento que llegamos a su casa se encontraba en una actitud tímida, y de desinterés hacia las personas que se le acercaban, así como también a los regalos que las mismas le hacían, a medida que empezaba a pasar el tiempo iba tomando una actitud mas simpática y amistosa con el resto de las personas y niños que se encontraban en el interior de su casa festejando su cumpleaños. Comenzó a  abrir todos los regalos que le hicieron, con mucho entusiasmo, y con una sonrisa con cada uno de ellos, ya que se trataba de juguetes de gran tamaño lo cual lo sorprendían. En ese momento se le acercaron otros niños, de entre 2 y 5 años, a los cuales alejaba y no dejaba tocar los juguetes, y ante el intento de ellos de sacarle alguno comenzaba a gritar y llorar, al terminar de abrirlos quiso jugar con todos a la vez sin dejar que los demás los toquen, pero luego de un rato se quedo con uno solo de los autos y no le importo que el resto de los niños usen los otros juguetes. Por la tarde se puso a jugar con un chico mas grande, de unos 7 u 8 años de edad, jugaban a que  el chico se escondía y Luca lo tenía que encontrar, al encontrarlo, con ayuda de alguna persona que le señalaba hacia donde estaba el chico, comenzaba a reír y a perseguirlo corriendo por todo el patio.

Luca presenta ya una postura erecta, con la capacidad de caminar y correr por todos lados, lo que lo llevo a caerse en varias situaciones, de algunas se levanto sin quejarse y de otras hubo que asistirlo porque comenzaba a llorar. El poder caminar por si solo sin ayuda de nadie deja que el vaya a lugares que no debe, como por ejemplo en un momento fue y empezó a sacarle la comida a su perrita, ante lo cual la madre le dijo que eso no se hacía y él se enojo.

Otra de las cosas que pude observar es la insistencia en hacer cosas que los adultos no lo dejaban, como por ejemplo jugar con la puerta, la abría y la cerraba, todos le decían que no haga eso porque podía lastimarse la manito y el mas lo hacía, y al decirle que no el emitía una sonrisa, hasta que lo retaron para que deje de hacerlo, por lo cual se largo a llorar, se tiro al piso y pataleaba. 

 

ANALISIS 

Se analizaran los distintos aspectos de Luca, que fueron percibidos durante la observación.

La niñez abarca, tal como la entendemos en nuestra época, el período que media entre el nacimiento y la adolescencia.

El mundo psíquico del niño es muy diferente al del adulto, debemos tener claro que un niño no es un adulto en miniatura, como a veces inconscientemente piensan algunos observadores no informados, y no es lícito aproximarse a él desde una visión adulto mórfica. Muchas cosas en él están en plena evolución, sufriendo progresiones y regresiones diversas en vías de lograr un carácter más estable.

Es necesario remarcar que en cada uno de los diferentes momentos evolutivos, los progresos de los diversos sectores  se influencian y condicionan recíprocamente. Así, por ejemplo, el logro motriz de la locomoción autónoma y el logro cognitivo de las representaciones mentales, se convierten en puntales de la posibilidad afectiva de individuación y separación progresiva de la madre.

Podemos decir entonces que la infancia es el período de la evolución del hombre en el cual, dentro del marco de su relación con los demás, se actualizan sus potencialidades evolutivas específicas. Constituye un tránsito hacia la plenitud de las características propiamente humanas, que durante la adolescencia se integrarán en una identidad flexible y dinámica.

La infancia es, por lo tanto, una etapa evolutiva fundacional, en la que se sientan las bases indispensables, en términos de estructura psíquica, y que permitirán toda diferenciación posterior. Por fin puede considerarse a este período como la edad evolutiva por excelencia, tanto por la rapidez como por la importancia de los cambios que implica. 

En este progreso, que arranca desde un estado de total dependencia e indefensión, interactuarán factores biológico-madurativos con otros correspondientes al desarrollo psicológico, para llevar al niño, poco a poco, a una mayor expansión dirigida hacia el mundo social, coextensiva con la creciente autonomía personal. 

DESARROLLO DE LA ACTIVIDAD PSICOMOTRIZ

     Los logros antropológicos fundamentales más directamente vinculados al funcionamiento psíquico están constituidos por aquellos comportamientos motores que nos diferencian específicamente de todo el mundo animal: la prehensión con pinza digital (oponiendo el pulgar al índice y anular), y la deambulación en bipedestación. 

La actividad motriz -coordinada y satisfactoria-  requiere la maduración e integridad física de las vías motoras piramidales, extrapiramidales y cerebelosas. Pero también implica el logro afectivo-cognitivo de un esquema corporal -tanto estático como dinámico- que sustente cada pauta de movimiento.

LOCOMOCIÓN HUMANA EN BIPEDESTACION ERECTA

     Si bien la forma de deambulación característica del homo sapiens es la marcha en bipedestación, la acuciante necesidad evolutiva de explorar y dominar el medio es tal que impulsa al niño a ejecutar otras modalidades de traslación mientras la maduración neuromotriz no permita aquella. Tales modalidades son:

- arrastre: entre el cuarto y el séptimo mes el niño, cuando permanece en decúbito prono durante un período prolongado, intenta arrastrarse usando como primer elemento la tracción de sus brazos.

- gateo: ya hay intentos de gateo a partir del sexto mes,  que luego se perfeccionan hacia el octavo.  A1 respecto Cratty apunta que  "los infantes que gatean bien siempre mueven las extremidades contralaterales en la misma dirección y al mismo tiempo. pero,  antes  de  alcanzar  este  patrón de gateo suave y eficaz, el bebé pasa por una etapa en la que sólo mueve un miembro por vez" (Cratty, 1982).

 

El logro de la postura erecta, indispensable para la deambulación en bipedestación, es resultado del progreso en el control motor, proceso que sigue estrictamente una dirección céfalo-caudal. Este progreso tiene, a su vez, para el niño, importantes consecuencias en cuanto a la posibilidad de control visual del medio, y por lo tanto en cuanto a la noción precoz de la permanencia y estabilidad de éste.

En primer término, se adquiere el dominio de la columna cervical: a los tres meses el niño sostiene la cabeza sin que se bambolee. A los seis meses es posible que el niño se mantenga sentado sin apoyo, demostrando que el control motor ha progresado a la zona dorsal. Esto supone una novedosa modalidad en las condiciones de control visual del mundo, e implica un primer cambio hacia el plano horizontal de visión. Por fin, a los nueve meses, el control alcanza a la zona lumbar y el bebé se para con apoyo. El perfeccionamiento de esta compleja coordinación le permitirá mantenerse erecto sin sostenerse con las manos, a partir del último trimestre del primer año. Quedará entonces en condiciones de iniciar su exploración del mundo que lo rodea (convirtiéndose en un deambulador) al inicio del año siguiente. Entonces habrá adquirido el plano de visión definitivo del homo sapiens. Entre el décimo y el decimoquinto mes de vida extrauterina, el bebé comienza a moverse alrededor de los muebles que le sirven de apoyo. Finalmente, la deambulación en bipedestación -sin apoyo- se desarrollará a partir del primer trimestre del segundo año de vida.

En la observación se puede observar muy bien este ultimo paso, donde Luca ya deambula en bipedestación, sin apoyo, lo que le permite explorar todo el mundo que lo rodea. 

     En un principio, la marcha será una tarea consciente y voluntaria, un esfuerzo por vencer serios obstáculos físicos. Los primeros pasos se dan con los pies separados en busca de una mayor base de sustentación, con los brazos extendidos para mantener el equilibrio, con la columna vertebral tensada y recta para compensar los constantes cambios del centro de gravedad. Poco a poco, los pies se acercan a la línea media, la curvatura lumbar hará su aparición, y los brazos en aducción se coordinarán con los miembros inferiores en los típicos movimientos alternativos.

El desarrollo motor requiere, para su logro, la maduración del sistema neuromotriz. Para la locomoción humana se requiere la interacción con el medio humano, representado esencialmente por los padres. Ellos proporcionan el marco de seguridad y los estímulos necesarios para el establecimiento de este logro antropológico fundamental.

El hombre nace carenciado en cuanto al posible control instintivo de la conducta que al animal le facilita una rápida y estereotipada adaptación a las situaciones vinculadas a su supervivencia. Por lo tanto, el ser humano debe aprender a discernir por sí mismo la conducta adaptativa adecuada para cada situación. La inserción del hombre en el mundo no es fija y determinada, sino un proceso creativo que debe ser desarrollado por él. Fromm  (1947) llega a afirmar que "este mismo desamparo constituye la fuente de la que brota el desarrollo humano: la debilidad biológica del hombre es la condición de la cultura humana". Tal el motivo por el que Maslow afirmaba, que la adaptación plástica a las circunstancias es un mecanismo al que el hombre recurre sólo ante la imposibilidad de la relación creativa con la realidad. Pero aún en ese caso, la adaptación a las circunstancias ambientales no se produce nunca a través de una conducta instintivamente prefijada, sino que es proporcionada por el condicionamiento resultante del carácter social.

Por lo tanto el infante humano necesita un medio contenedor que le proporcione la seguridad respecto de las necesidades básicas que él aún no puede solventar. Este medio facilitador es el clima de seguridad (y por consiguiente de libertad respecto de las necesidades más acuciantes) provisto por sus padres. Es que el hombre es hombre precisamente en tanto decide, en cuanto puede hacer uso de su libertad dentro del marco de los inevitables condicionamientos. Y el proceso de logro de la libertad humana, tanto ontogenética como filogenéticamente, es un largo camino de desarrollo y aprendizaje que sólo se lleva a cabo dentro de ciertas condiciones favorecedoras fundamentales. Una de ellas es la protección relativa (durante el período de la niñez), frente a lo imperioso de las pulsiones que no pueden ser satisfechas, como en el animal, mediante conductas prefijadas. Es por ello que el niño pasa un tiempo prolongado en una extrema dependencia con respecto a sus progenitores. Esta dependencia es mucho mayor y más prolongada que la observable en cualquier especie animal, y le permite al pequeño un largo periodo de juego, que lo conduce finalmente a la posibilidad de enfrentarse al mundo como ser separado del mismo y en relación creativa con él. 

Esta problemática característica del nivel humano de organización de la materia -lo que Fromm llama la separatidad-, se hace presente ontogenéticamente cuando, a través del logro motriz representado por la locomoción, el niño se diferencia del cuerpo de la madre, estableciendo un nuevo tipo de vínculo con ella, y alcanzando un desarrollo funcional de los aspectos autónomos del Yo.

La deambulación autónoma constituye por lo tanto el punto culminante de la conciencia de separación, que había comenzado con lo que Mahler (1975) llamó "la ruptura del cascarón". Por esa razón este logro adquiere una importancia evolutiva tal que ha llevado a la autora citada a decir, con respecto a la locomoción vertical libre y a la inteligencia representativa -en el sentido de Piaget- que "constituyen los parteros del nacimiento psicológico”.

Esa conciencia de separación es el campo específico del conflicto ambivalente de este período, marcado por el deseo del reencuentro que subyace a toda exploración ambulatoria, frente al temor de ser reabsorbido por la madre en una nueva unidad simbiótica que destruiría su individualidad.

     La dimensión del conflicto enfrentado por el niño se percibe con mayor precisión en la perspectiva filogenética de Fromm (1941), quien, refiriéndose al hombre primitivo y a sus descendientes, dice que "una vez que hayan sido cortados los vínculos primarios que proporcionaban seguridad al individuo, una vez que éste, como entidad completamente separada, debe enfrentar al mundo exterior, se le abren dos distintos caminos para superar el insoportable estado de soledad e impotencia del que forzosamente debe salir. Siguiendo uno de ellos, estará en condiciones de progresar hacia la libertad positiva; puede establecer espontáneamente su conexión con el mundo en el amor y el trabajo, en la expresión genuina de sus facultades emocionales sensitivas e intelectuales; de este modo volverá a unirse con la humanidad, con la naturaleza y consigo mismo, sin despojarse de la integridad de su Yo individual. E1 otro camino que se le ofrece es el de retroceder, abandonar su libertad y tratar de superar la soledad eliminando la brecha que se ha abierto entre su personalidad individual y el mundo”.

El desarrollo de la etapa psicomotriz se pudo ver muy bien en la observación, ya que en el cumpleaños había niños de diferentes edades, bebes que solo sostenían la cabeza, de 4 meses de edad, y bebes gateando, aparte del protagonista de la observación Luca, el cual posee una posición erecta, con deambulación independiente de su mamá, la cual le brindo gran apoyo y contención durante estos dos años, con estimulación, lo que le permitió lograr esta independencia y como lo llamo Mahler (1975) "la ruptura del cascarón".

LA PREHENSIÓN CON PINZA DIGITAL

     Gesell, en su texto clásico, describe ya entre las ocho y las diez semanas de vida extrauterina, la aparición de movimientos esbozados en los miembros superiores cuando se le presenta al niño, sobre su pecho, a una distancia de unos diez centímetros, un sonajero. Estos movimientos son mucho más netos a las dieciséis semanas, mientras que, al mismo tiempo, la mirada se fija espontáneamente en el objeto. Cuatro semanas más tarde la actividad se dirige claramente hacia el sonajero, el cual podrá ser asido ahora con ambas manos. Finalmente, a las veintiocho semanas, se observa cómo éste es asido con una sola mano.

Tal vez uno de los aspectos más importantes de esta evolución, y que sólo se observa en el ser humano, sea el de los cambios en las pautas o modalidades de prehensión. Estas comienzan durante la primera semana de la etapa fetal con la posibilidad de cierre de los dedos. Continúan durante la décimo octava semana de esa misma etapa, con la aparición del reflejo de prehensión, y por fin, entre la décimo sexta y la vigésimo cuarta semanas de vida extrauterina, con la desaparición del mismo reflejo.

A partir de entonces, y siguiendo con la misma dirección próximodistal, se perfecciona la prehensión propiamente dicha, que comienza siendo un tosco movimiento de arrastre de los objetos hacia el propio cuerpo, y continúa más tarde con una garra palmar en la que predominan los tres dedos cubitales -mientras el pulgar adhiere pasivamente a la acción-. Finalmente, a los quince o dieciséis meses, el bebé alcanza "una refinada prehensión con las yemas de los dedos, que se caracteriza principalmente por la oposición del pulgar, el predominio del índice, la facilidad para la manipulación, y la adaptación de la presión de los dedos al peso del objeto. La movilidad digital se pone de manifiesto en actividades tales como hurgar, tentar y arrancar" (Cratty, 1982).

En cuanto a Luca, se puede ver bien esta refinada prehension, cuando abre los regalos, intenta husmear la basura y al abrir y cerrar la puerta.

     Este progreso ha sido posible porque la mano y el antebrazo ya no constituyen una unidad motriz orientada en línea recta: desde comienzos del segundo año la mano se mantiene flexionada en sentido cubital, haciendo que la pinza integrada por el pulgar y el índice quede en una misma dirección con el eje cúbitoradial. 

Desde el mismo momento en que el niño controla esta modalidad de prehensión, la misma pasa a integrar esquemas más complejos: el cubo asido es golpeado contra la mesa, pasado de mano, golpeado contra otro cubo del que se apropió la mano opuesta, etc.

O como es en el caso de nuestra observación, cuando juega con los autitos y se los va cambiando de mano.

CONSECUENCIAS DEL DESARROLLO PSICOMOTOR:

LA CRISIS DEL SEGUNDO AÑO DE VIDA

     Cada uno de los momentos del desarrollo descritos provoca la alegre sorpresa de los adultos y cuenta con su manifiesta complacencia. Esta expectativa positiva, y muy especialmente la de los padres, motoriza los progresos del niño. Es bien sabido que no existe motivación más fuerte que ésta para el crecimiento y el desarrollo psíquicos. 

De cualquier manera, la exploración autónoma que inicia el pequeño desde que alcanza el dominio locomotor, lo lleva a realizar una serie de acciones que pueden resultar peligrosas para sí mismo o para la integridad de los objetos que manipula ("los terribles dos años"). Esto lo conduce a duros enfrentamientos con el medio (especialmente con los progenitores), en ellos ve aparecer, sorprendentemente para él, los "No" de gesto duro, tan difíciles de entender para quien todavía no puede discernir la diferencia entre esta actividad que termina por ser reprimida, y la anterior que era estimulada con entusiasmo. Tal la génesis de lo que se ha denominado "crisis de negativismo" del segundo y tercer años de vida. Esta crisis se debe a que el infante se siente confundido y agredido por los adultos que le exigen un cambio conductual que él no entiende y que además se opone a su natural búsqueda del goce producido por la exploración del medio. Ante el presunto ataque se producen dos reacciones naturales: por un lado la identificación con el agresor, a raíz de la cual el pequeño se manifiesta oposicionista, y dice que no a todo lo que se le ofrece; y por otra parte un descenso del umbral de tolerancia a la frustración, que lo lleva a responder con manifestaciones de ira correspondientes a etapas anteriores (regresión). En este último sentido aclaremos que el niño, a esta edad ya es capaz de dirigir y personalizar su agresividad, reacciona ahora con la clásica "pataleta": echarse de espaldas, gritar y golpear con los pies en el suelo, todo lo cual configura la demostración de ira que era típica del segundo semestre de vida.

Tal como dice el texto ante la palabra NO, que se le decía a Luca por el abrir y cerrar la puerta, lo cual implicaba un riesgo y podía lastimarse las manos, comienza con una reacción de ira, la clásica “pataleta”.

     Estas situaciones son enteramente normales,  observables durante la crisis del segundo año de vida. Situaciones que no deben inducir a intervenciones médicas "diagnósticas", y mucho menos terapéuticas –que en este caso resultarían altamente iatrogénicas-, sino que sugieren un simple asesoramiento a los padres sobre qué es lo que está sucediendo y cuál es la posición más operativa que ellos pueden adoptar.

 

DESARROLLO DE LAS EMOCIONES QUE IMPLICAN RECHAZO DEL ESTIMULO

Dentro de estas emociones la que mas se relaciono con la observación de Luca, fue el llanto ya que ante estímulos como el de los demás niños queriendo jugar con sus juguetes, el lloraba como rechazo y para impedir que toquen sus juguetes.  

El llanto

     Una de las conductas humanas que más ha atraído la atención de los psicólogos es el llanto, tal vez porque, entre otras características, tiene la de manifestarse desde el mismo momento del nacimiento, y aún antes, si nos atenemos a recientes observaciones ecográficas.

En los primeros meses de vida extrauterina las motivaciones posibles del llanto  aparentemente son exiguas. Para Guillaume se reducen al dolor y a la necesidad fisiológica postergada. Pero con el tiempo tales motivaciones se van diversificando hasta tal punto que los clásicos de la escuela francesa (Zazzo y Gratiot-Alphandéry) pudieron enumerar otras  como el dolor, el hambre, el sueño, la impaciencia, la cólera, el temor, y hasta la alegría. De allí que estos autores infieran una vida afectiva mucho más rica de lo que la aparentemente monótona y pobre expresividad de los niños pequeños permitiría suponer a un observador no informado.

En definitiva podemos afirmar que el llanto no responde a una causalidad única y excluyente, sino a muy diferentes mecanismos psíquicos. Además se manifiesta de muy diversas maneras, como lo demostró Ch. Bühler en sus estudios sobre las distintas modalidades de modulación del llanto. Por otra parte esta conducta -que recién se asociará a las lágrimas desde el segundo mes de vida extrauterina- muy pronto deja de ser sólo una manifestación expresiva de fenómenos intrapsíquicos, para insertarse en una complicada trama de interacciones sociales que lo conducirán a constituir, entre otras razones, una apelación a la benevolencia del adulto. Sea como fuere, este comportamiento revela, casi sin excepción, un rechazo del estímulo, por lo cual se presenta como una de las primeras manifestaciones del miedo y la agresión.

Con respecto a estas últimas expresiones hemos de decir que cuando el sujeto rechaza un estímulo puede hacerlo de dos maneras: intentando excluir del campo al estímulo en cuestión, o procurando excluirse a sí mismo de aquél. En el primer caso hablamos de agresión, y en el segundo, de miedo.

Luca demostró su agresión ante los niños que querían sacarle sus juguetes, empujándolos y llorando.

 

CONCLUSIÓN 

Mediante la observación pudemos entender muy bien todo lo que implica el desarrollo psicomotriz, lo indispensable que resulta para el desarrollo humano, para comenzar a investigar el mundo que nos rodea, independientemente de otras personas como es fundamentalmente la madre, de lo necesario que es el estimulo y contención de los padres, y de la libertar que le genera a un niño el deambular, así como también otras acciones que van haciendo el progreso y evolución del ser humano como es la prehensión con pinza digital, que le permite agradar los diferentes objetos y tener mayor independencia, como por ejemplo nos permite comer por uno mismo, agarrando el tenedor con una mano. En otro orden de ideas, una consecuencia importante del desarrollo psicomotor,  insinuado al hablar del progreso cefalocaudal del control muscular, es la que corresponde a su influencia sobre el desarrollo cognitivo. En efecto, los logros en la esfera del dominio de la realidad a través del pensamiento operacional, están precedidos por la capacidad de operar sobre aquella realidad por medios motrices. Las pautas de espacio, tiempo, la noción de permanencia visual, etc., logradas mediante el progreso psicomotor constituyen precursores evolutivos de similares capacidades cognitivas. Por ejemplo, el niño será capaz de explorar en forma motriz un determinado lugar mucho antes de poder formarse una imagen mental de éste, pero en el logro de dicha imagen cumplirá un papel fundamental la internalización de aquellas pautas motoras primigenias, y su posterior complejificación. Así como también en mi observación se puede ver reflejado en luca la crisis del segundo año de vida, la cual encarna de manera especial el conflicto en torno a las condiciones y las posibilidades de la libertad positiva, que Fromm ha señalado como el desafío específicamente humano. Por eso la podemos definir como una importante crisis evolutiva, cuya resolución adecuada, favorecerá necesariamente el desarrollo ulterior. Que no representa una patología, sino una etapa normal del desarrollo.

Este trabajo resulto una herramienta importante en mi desarrollo como medica, ya que me ayudo a entender que el medico, no solo debe ocuparse del estudio de lo físico, sino que también de lo psíquico, especialmente en los niños es de suma importancia para alcanzar su bienestar completo.