el juego infantil
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Juegos para bebes

 

El güebito

Este juego conocido tanto en el campo como en la ciudad es uno de los juegos más clásicos que hacen reir a los bebes hasta un año, cuando todavía no hablan. En el verso de remate se encuentra en este caso una clara muestra del origen rural del juego, en el cual existe una concepción de los indígenas como seres pícaros.

El adulto, a la par que va diciendo cada verso del juego, debe a su vez tocarse los dedos de la mano y bajándolos cuando se termina de recitar. Empieza con el meñique, y el último es el pulgar. En este momento final del juego es cuando a los bebés se les hace cosquillas, llamando su atención de manera poderosa, incitándolos a la risa.

Este compró un güebito,

Éste lo peló,

Este lo saló

Éste lo revolvió

Y este pícaro mataco se lo comió!

 

Vamos a Belén

 

Este juego es audiopostural, es decir que tiene la doble estimulación que más llega a los niños pequeños y bebés. Proviene de un villancico, del cual encontramos varias versiones.

En este caso hay que comprobar con los primeros movimientos que el niño no se asuste. Se lo coloca en las rodillas sentado y se lo hace andar "al paso" del caballo, luego cada vez más fuerte. Es un juego eminentemente dedicado a niños que tienen predilección por los estímulos vetibulares.

 

Arre borriquito, vamos a Belén

Que mañana es fiesta

Y pasado también

Al paso

Al trote.

Al galope al galope al galope!!

 

 

Tortita de manteca

 

En este juego veremos claramente cómo los niños han de recibir los ideales sociales de los adultos. A cada cual le corresponde un rol en el imaginario: desde padre y madre ideales hasta la china, que puede ser una amante o una joven del vecindario o área rural.

 

Tortita de manteca

Para la mamá que da la teta

Torita de arrope

Para el papá

Que da la ropa

Tortita de cebada

Para la china

Que no da nada

 

 

La manito

 

Esta canción se va acompañando de los siguientes gestos: con el bebé sentado o acostado de frente al adulto, éste debe mostrarle una mano, presentarla y moverla de un lado y del otro, y cuando la letra lo dicta, esconder la mano. Inevitablemente los bebés sonreirán y se entusiasmarán, según la etapa que estén transitando.

El rostro humano de frente genera una respuesta social de sonrisa antes de que el bebé pueda reconocer que se trata de su madre, su tía o abuela. Entonces al realizar este juego se estará asistiendo a ese momento primordial en el que un niño aprende que algo puede desaparecer y volver a aparecer. El bebé querrá que esa ausencia termine y cuando la mano danzante aparezca nuevamente, seguro querrá alcanzarla con algún movimiento tosco, se reirá, mirará a los ojos del interlocutor del juego. Son las conversaciones antes que el bebé pueda hablar, juegos sin los cuales no existirá para el bebé ninguna posibilidad de socializar en etapas posteriores.

 

Saco una manito

La hago bailar

La cierro

La abro

Y la vuelvo a guardar

 

Saco la otra manito

La hago bailar

La cierro la abro

Y la vuelvo a entrar

 

 

 

La sabanita / acatá

 

Llegamos al juego universal, el que sucede en todas las culturas del mundo. Si pudiéramos situarnos en cualquier pueblo encontraríamos que más de uno está siendo partícipe del juego de aparecer desaparecer. Según el lugar veremos que lo realiza la madre o adulto desapareciendo tras una sábana, una cortina, una madera, o haciéndose desaparecer de la vista del bebé por medio de dicho lienzo. Se trata de otro eslabón en la evolución a períodos posteriores que permitirán que el bebé comience a simbolizar lo que se ausenta. Como la madre ausente siempre es el motivo de angustia inicial en todo niño, es por medio de juegos que podrá superar ese momento terrible en el que siente que todo en su mundo se cae. Esta sensación de pérdida es la que se actualiza más tarde en la vida adulta con los duelos importantes. Por eso mismo se trata de un momento de vital importancia para la vida psíquica del niño. Al desaparecer del campo visual esto se hace extensivo a los otros sentidos y percepciones, razón por la que el niño siente que su mundo cambió de golpe. Para poder lidiar con eso el niño realiza una serie de juegos que le permiten soportar los cambios. Esto no lo hace ningún otro animal -los domésticos pueden sentir la ausencia de su amo pero nunca será una experiencia "plástica" o flexible como en humanos.

 

El bebé que vuelve a aparecer en el campo de la madre se reirá con fruición. El juego puede ser el inverso y ser la madre que vuelve a aparecer en el campo visual del niño. Por más que parezca difícil, el juego es el mismo. Se trata de una relación de espejo entre el bebé y la mamá.

 

Juego del espejo

 

Muchas personas que están cuidando niños pequeños sienten la tentación de poner a la criatura frente a un espejo y encontrarse con su reacción: a veces de sorpresa, otras de reacción como ante un semejante, en otras más avanzadas se tiene noción de la imagen y el bebé realiza un juego de reconocimiento. La noción de que se trata de él mismo en una imagen puede culminar con sonrisas. Si existió un llanto, seguro que se trata de un bebé pequeño. A todos los niños de un año les agradará mirarse. Antes de que hubieran espejos en el mundo, los niños tomaban como espejo a la madre, como pusimos de ejemplo en el juego anterior, el juego de la sabanita. Pero aquí el bebé, hasta entonces una suma de percepciones externas y estímulos internos, se podrá apreciar a sí mismo como unificado. Este juego entonces pasa a ser crucial para constituir la vida psíquica de un niño, al menos en nuestra cultura -en que lo visual es preponderante para la comunicación más allá del primer año de vida. En otros lugares la constitución de la identidad será por vías alternativas, que serán motivo de apreciación cuando veamos otros juegos según la zona de origen.