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Los libros infantiles en la historia

 

 

Lectura: una experiencia de taller

 

Había una vez.

La música acompaña, poniendo ritmo, la entrada a La Villa. Hay que caminar unas cuadras para notar, como si hubiera sido marcado con una regla, la línea que delimita los mundos. O acaso sea una ilusión pseudo burguesa pensar que existe tal línea. Lo que sí, es que desde la calle Luna cae una cortina que destiñe el horizonte. Avanzando un poco más está el Centro de Salud nº 8 dependiente del área programática del Hospital Penna. Área de la capital donde hay una fuerte apuesta al trabajo comunitario, apuesta signada por la necesidad y la realidad del sur.

 

Voy a la villa, pero llego al barrio

¿Que raro no? ¿Por qué cuando estamos allí lo nombramos "barrio", temiendo herir las susceptibilidades de sus habitantes, siendo que ellos dicen vivir en La Villa? Nosotros también le decimos así, pero solo cuando estamos lejos de ella. ¿Que lo que no se puede decir en esto que es casi un tabú?

 

 

El trabajo allí va marcando una deconstrucción de los prejuicios que portábamos en relación a los habitantes del lugar, su modo de vida, la inseguridad en la que se hallan. Ponemos a circular algo del temor que genera este territorio, a la vez que repensamos el lugar desde el cual nos posicionamos para realizar nuestra práctica.

Vení a jugar con los cuentos.

Intentando superar la indefinición, la incertidumbre y desorientación que arremeten al comienzo de la rotación obligatoria por APS, gestamos, en conjunto con una psicóloga del centro un taller de promoción de la lectura en sala de espera.

Con el entusiasmo de haber recibido hace poco una donación importante de libros infantiles de una fundación, pensamos en armar un espacio que permita a los chicos que asisten al centro de salud tener un acercamiento a los libros, en muchos casos antes de su ingreso a la escuela. La socióloga del Centro, espécimen raro en medio de tanto psi, nos trae una alfombra para armar el espacio y aliviar los calambres, el frío.

El taller surge relacionado con un problema detectado en el centro de salud, que es el fracaso escolar en los primeros grados, en las escuelas de la zona. Si bien desde el Centro se hacen algunas intervenciones puntuales en las mismas, se intentó avanzar y pensar con qué se relaciona este "fracaso". Probablemente las causas son diversas, pero al plantear el taller surge la relación entre esta deserción y el desconocimiento del libro como objeto por parte de los niños. Al momento de comenzar la escuela, estos niños se encuentran por primera vez con un libro, objeto que resulta poco familiar.

Además, en algunos casos los niños no se animan a venir solos al taller, por lo que propiciamos que sus padres tomen algún libro para compartir con sus hijos. La lectura de un libro, a diferencia de un juguete, requiere para un niño pequeño de la presencia de un adulto que pueda contar una historia.

Armamos el espacio una vez por semana, con un tiempo y horario preestablecido. Esto permite proyectar cierta estabilidad y darle continuidad a la tarea, convocando a los chicos a volver

 

Definimos la población que se incluye en este taller a partir de la problemática ya mencionada. Está principalmente destinado a chicos entre 3 y 11 años, quienes concurren al centro generalmente para realizar controles médicos traídos por sus madres, o llegan simplemente porque no tenían donde quedarse. Esto como demarcación orientadora, porque la sala de espera es realmente una caja de sorpresas.

La corta edad de los participantes, hace difícil la conformación de un solo grupo durante la realización del taller. En general, muchos chicos no concentran su atención en un solo libro y en una sola historia, resultando muchos de los cuentos largos y difíciles de contar. La modalidad se fue definiendo como un "dejar hacer" con los libros, coordinando cada uno de nosotros un conjunto de chicos con algunos intereses comunes. Intentamos propiciar el acercamiento activo a los libros: que los abran, los recorran, los dejen.Familiarización con las letras, con la secuencia que implica el comienzo y el final del libro. El taller invita a escuchar un relato, a poner palabras, a que se arme alguna escena lúdica, de entramado simbólico lleno de personajes fantásticos, de magia. Frente a chicos desvastados por las condiciones sociales, las carencias, la extranjeridad, la ilegalidad.

La Verbena de la paloma

Este taller Implicó para nosotros también algunos aprendizajes, entre ellos el de cómo contar un cuento, habilidad retórica a trabajar, así como soportar contarlos muchas veces, frente al pedido de repetición.

Notamos también cierta necesidad de adaptar los relatos de los libros a las posibilidades de seguirlos por parte de los chicos, ya que algunas de las palabras que se emplean resultan incomprensibles (y para nosotros difíciles de explicar). Incluso hay algunos libros que están en inglés, con lo que la" traducción" es simultánea, o que fueron escritos para niños españoles. Aunque pensamos a los libros como una fuente capaz de ampliar el vocabulario y de hacernos conocer otros universos simbólicos, tuvimos la impresión de que hay ciertos temas que evidencian fuertes contrastes con la realidad de estos chicos.