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Viejas discusiones sobre literatura infantil

Entre los aspectos que destacamos como positivos, se encuentra además que desde una lógica de "prevención" sanitarista, el taller genera un espacio no formal que permite advertir, detectar precozmente, algunos problemas psicológicos o psiquiátricos. En relación con esto nos encontramos actualmente con la dificultad para generar una estrategia que permita una intervención consecuente con el problema detectado. Es decir, la continuidad de lo que provoca el taller, por fuera del mismo. ¿Hay que hacer derivaciones a tratamientos?

Pero además, hay una imposibilidad para los trabajadores de salud mental en pensar la prevención como anticipación, como evitación, lo que además nos deja frente a la sensación de inutilidad.

Por eso (pensamos que) el taller se sostiene en una lógica de ofertar un espacio para “generar demanda”, ahora sí como modo de pensar la prevención en salud mental. Generar demandas, identificar malestares, en una población que parece que demanda todo parece casi una ridiculez. Pero intentar un pasaje desde la falta de todo a la falta de algo es una operación interesante en este proceso. Los libros son objetos inaccesibles, y por lo tanto invisibles. El ponerlos a la vista propicia generarlos como faltantes.

 

Nos preguntamos entonces ¿qué podría pensarse como prevención cuando la población son niños?

 

El centro 8 y la falta de espacio :

La cercanía del centro con la población favorece por momentos en el equipo de salud, la reproducción de los principales problemas y condiciones de la Villa. "No hay lugar", "Falta espacio", "Si llega la leche nos quedamos sin Salón" ( que tiene 4x4 y las paredes tapizadas por la presencia de las cajas"). La leche, objeto de rechazo y de aceptación como inevitable por parte de los profesionales.

La semana de junio en que empezamos la rotación, fugaces titulares informan que hubo una toma de las tierras en las que quedaba el lugar para el potrero. En la villa no hay más lugar. Cuando pasamos por allí, nos señalan el lugar donde había un espacio abierto y en el que ahora sólo se ven casas terminadas.

Este, con el que nos encontramos, así tan chiquito, es el Nuevo centro. El anterior era la literalidad de la precariedad de la salud del barrio. Actualmente, hay un consultorio de psicología, uno para servicio social, dos de pediatría, secretaría, baño y "El Salón". El salón no puede ser usado entre las 13 y las 14, hora pico, debido a que las enfermeras almuerzan allí. Eso causa molestia, pero hay un hecho, que es que no hay lugar dónde almorzar.

Con esta perspectiva, lo de armar el taller en la sala de espera es un uso forzado de las condiciones de precariedad existentes y a la vez un modo de generar un movimiento desde esa falta.

Literalmente, la villa está construida sobre terrenos que fueron basurales. Tierras contaminadas. Es muy difícil hacer que algo crezca en estas tierras. Pero la sala de espera se convierte en una tierra de oportunidades, es un espacio tradicionalmente incómodo, de tiempo perdido, desperdiciado, en el que tal vez sembramos semillas al boleo.

El todo o lo imposible como obstáculos .

Hacer Aps sería "otra cosa", queja residencial permanente y que se trasluce en el hastío que se respira en los cursos centralizados. Que no es para lo que nos formamos, que estamos al vicio, que prefiero atender pacientes. Hacer un taller, trabajar con promotores resulta una pérdida de tiempo cuando no hay voluntad política.

Lo que hacemos en el centro de salud, parece nimio, poco importante en relación con la preariedad del barrio y los problemas económicos. No participamos en el armado o en la planificación de las actividades ni de las formas de intervención. La gran cantidad de problemas genera una sensación de absurdo de nuestra tarea, y opera como obstáculo.

 

Finalmente.No hay perdices.

Colorín colorado