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Mecanismos de defensa
Los principales mecanismos defensivos a los que hicimos referencia son:
Represión : es la fuerza que mantiene una
elección objetal del Ello fuera de la conciencia. Aclararemos que un deseo que se conoce
conscientemente, pero cuya realización efectiva no se lleva a cabo por distintos motivos, no se
halla reprimido (como se interpreta a veces en el lenguaje popular). Represión es la
eliminación de la conciencia del contenido vetado. La represión corresponde al Yo, y lo
reprimido al Ello.
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Se llama represión primaria a aquella que impide que un deseo del Ello
acceda a la conciencia. La represión propiamente dicha o secundaria, en cambio, elimina de
la conciencia una elección que ya había ganado su camino hacia ella. Cuando este
mecanismo fracasa o amenaza con fracasar, se recurre a otros complementarios, como los que siguen.
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Proyección : cuando la elección de un objeto
cuestionable -moral o neuróticamente- amenaza llegar a la conciencia, se produce en el Yo una
señal de alarma que llamamos angustia, caracterizada por componentes psíquicos y
somáticos. La angustia es disruptiva para el aparato psíquico, y resulta mucho menos
tolerable que el miedo a algún objeto de la realidad material. E1 mecanismo de la
proyección consiste entonces en atribuir la amenaza al entorno, alejándola de uno mismo.
Formación reactiva : consiste en la negación de
un sentimiento inconsciente, y en la adopción o exageración de sentimientos y actitudes
opuestos a él.
Negación : consiste en negar cognitivamente aspectos de
la realidad que resultan intolerables, aunque sean perceptibles. Esto la diferencia de la
renegación, mecanismo de defensa más radical que quiebra el principio de realidad y hace
que lo negado ni siquiera pueda ser percibido.
Aislamiento : los sentimientos penosos son separados de los
eventos que les dieron lugar.
Fijación : es la detención circunstancial o
permanente del desarrollo en algún punto. Las causas principales son una satisfacción
excesiva lograda en ese punto, o bien el aumento de la angustia, la frustración, la inseguridad o
el temor al castigo que supondría para el sujeto acceder al nuevo nivel de integración.
Regresión : es el retorno defensivo a la etapa fijada
cuando el sujeto se encuentra frente a un conflicto insoluble para su estructura de personalidad actual.
Sublimación : mecanismo de la serie madura (junto con
la supresión y el humor), que implica que un derivado pulsional cuestionado es trasladado hacia
fines socialmente aceptados. Según Freud, este mecanismo es responsable del desarrollo de la
cultura.
Existen otros mecanismos de defensa que veremos a lo largo de este capítulo y los
siguientes, pero los que anteceden pueden considerarse como los principales. Todos ellos sirven a los
intereses de la conservación del Yo y resultan por lo tanto evolutivos. Sin embargo, dado que el
Yo debe gastar energía en mantenerlos, su utilización excesiva, fija, o estereotipada,
puede disminuir la energía que el Yo tiene disponible para su desarrollo. A su vez un Yo
debilitado necesita resolver los conflictos echando mano a nuevos mecanismos de defensa, lo cual supone
un círculo vicioso, que sólo puede ser interrumpido por el fortalecimiento de las
capacidades propias del Yo.
Pero volvamos al criterio evolutivo propuesto por el creador del psicoanálisis.
Hemos visto que la pulsión es el representante psíquico de las necesidades
biológicas, transformadas así en energía psíquica. A su vez sabemos que con
la diferenciación del Yo, la energía psíquica libre que poseía el Ello y que
tendía a la descarga inmediata, se convierte parcialmente en energía ligada, vinculada a
representaciones mentales. De este modo se genera la fuente energética para las funciones yoicas
(memoria, pensamiento, juicio, etc). A esta energía psíquica Freud la denominó
libido. Se trata de una energía que durante el desarrollo psíquico sufre diversas
vicisitudes, que han sido descriptas como etapas evolutivas.
Según Freud, cada etapa del desarrollo del psiquismo se caracteriza por una
determinada organización de la libido. Dicha organización se manifiesta por el predominio
de una zona erógena en especial (oral, anal o genital), con la cual se relaciona una determinada
modalidad de relación objetal (es decir, de relación con los objetos externos).
¿Cuáles son para Freud estas etapas? Hasta el reconocimiento y
constitución del primer objeto libidinal, el primer objeto reconocido como no yo -la madre-, el
niño se catectiza a sí mismo. Esto significa que inviste su energía psíquica
en sí y no en los objetos. Este es, pues, un período sin catexia de objeto. Freud la llama
fase de narcisismo primario.
Durante el primer año de vida, la principal zona erógena está
constituida por la boca y las zonas próximas (etapa oral). Por este motivo las actividades
más placenteras son las que involucran esta zona (comer, succionar, tragar, escupir, morder,
masticar, etc.). En el plano de las relaciones objetales, la evolución propia de la etapa que nos
ocupa está representada por el paso del narcisismo primario a la relación con un objeto
parcial (el pecho materno), ya que la madre aún no es percibida como un objeto total. Las
relaciones con este objeto parcial están marcadas por la vinculación que puede
establecerse con él mediante las actividades orales antes mencionadas. Estas se transforman
entonces en prototipos de ciertos rasgos de personalidad. Por ejemplo, dice Hall (1990)
"ingerir por la boca es el prototipo de la adquisitividad; retener, el de la tenacidad y
determinación; morder el de la destructividad; escupir, el del rechazo y desdén; cerrar
la boca el del desaire y negativismo". Este mismo autor agrega poco más adelante:
"Mediante desplazamientos y sublimaciones de diversa índole, la fijación en uno
de los modos orales prototípicos puede convertirse en una red completa de intereses, actitudes
y comportamientos (...) Se pueden ver las manifestaciones de estos modos de actividad oral en muchos
aspectos de la vida. Aparecen en las relaciones y afectos entre las personas, en las actitudes
económicas, sociales, políticas, religiosas y en los intereses o preferencias
culturales, estéticas, recreativas y vocacionales".
Lo dicho en el párrafo anterior -referido a la permanencia en la personalidad ya
integrada de algunos rasgos derivados de la precoz etapa oral de la organización de la libido-,
es válido también para los estadios que siguen. Ello implica que los nuevos estadios o
etapas se superponen a los anteriores, pero no los reemplazan totalmente. Este hecho diferencia la
noción de estadio según Freud a la de Piaget, que veremos más adelante.
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