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El recién nacido
EL DESARROLLO PRECOZ DEL PSIQUISMO EN LA
ÓPTICA PSICOANALITICA
Según acabamos de ver, el recién nacido posee todo su equipo sensorial
desarrollado, presto a la exploración del mundo, si bien su natural hipermetropía
sólo le permite distinguir luces y bultos. Como dato de gran interés recordaremos que la
corteza visual completa su mielinización recién a los seis meses. Complementariamente
remarquemos que muchos de los autores que vamos a estudiar señalaron ese momento evolutivo como
crucial y en el que se define la percepción del mundo externo y al Yo como distinto de
éste. El desarrollo del sistema visual y con ello la delimitación más perfecta de
los objetos y del propio cuerpo, podrían constituir un factor importante para ese logro.
En el momento del nacimiento, el bebé es especialmente sensible a los olores, a
los sabores, y sobre todo a los cambios posturales. La madre, que aún no puede ser percibida como
un ser total y distinto del mismo niño, será entonces reconocida como un olor, un sabor y,
sobre todo, como una forma de ser sostenido y manipulado. A partir de estas primeras experiencias de
contención, y en el marco estructurante de la díada madre-hijo, comenzará el camino
de la construcción del aparato psíquico.
| En este apartado nos proponemos sintetizar la visión de Spitz, Mahler,
y Winnicott sobre los primeros pasos en la organización y diferenciación de la vida
psíquica infantil. Sin embargo, antes parece prudente recordar lo esencial del enfoque
freudiano en el que todos ellos se apoyan, así como hacer una referencia a los aportes de
Melanie Klein, aceptados aún hoy por numerosos profesionales. |
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El enfoque freudiano del desarrollo precoz de la personalidad
Freud es tal vez, como hemos dicho en la Introducción de esta segunda parte, el
primer investigador que construyó un modelo de la personalidad, asentado sobre una visión
evolutiva. Para él, el aparato psíquico se estructura como un proceso adaptativo del
organismo frente a las presiones externas e internas que actúan sobre el Ello, primera matriz del
desarrollo psicológico. La energía somática generada en las necesidades
biológicas instintivas (que respetando la nomenclatura freudiana llamaremos pulsiones), y la
presión externa de las amenazas o las frustraciones que pesan sobre ellas, interactúan
entre sí, generándose conflictos. Las tensiones así producidas en la
búsqueda de la satisfacción pulsional conducen a la erección de diversos mecanismos
cuyo objetivo es defender al organismo de dichas tensiones, a la vez que ayudar a descargarlas. Algunos
de estos mecanismos de defensa (identificación y desplazamiento) resultan agentes de la
constitución de una nueva instancia psíquica, el Yo, mientras otros sirven al
interés de conservar la homeostasis del mismo Yo apenas formado (represión,
proyección, formación reactiva, fijación, regresión, negación,
aislamiento, y sublimación, según la lista original de Freud).
Pero veamos con mayor detenimiento como se producen, en la visión de este autor,
los procesos de esa organización precoz. Según él, el niño nace con una
estructura poco diferenciada: el Ello es la sede de las pulsiones instintivas -derivadas de la imperiosa
tendencia a satisfacer las necesidades biológicas-, y resulta una verdadera matriz de la que
luego se diferenciarán las otras instancias: el Yo y el Super-Yo. El Ello es el transformador de
la energía biológica en energía psíquica, y el depósito de dicha
energía. Según hemos visto, el niño ha vivido nueve meses dentro del útero,
donde recibía una adecuada alimentación continua, pero una escasa estimulación
sensorial. Con el nacimiento, aparecen necesidades imperiosas -como el hambre- que el bebé no
puede resolver por si solo. De esta manera, la tensión de la necesidad biológica se
transforma en una pulsión, que es su representante en el aparato psíquico. Y la
pulsión busca la descarga inmediata de la tensión generada. Por este motivo el
funcionamiento del Ello se rige por el principio de placer, que es el intento de descargar cualquier
tensión apenas generada. Sin embargo, para cumplir con tal fin, el Ello dispone de medios
más bien rudimentarios: los comportamientos reflejos y el denominado proceso primario que
consiste en la descarga mediante la formación de una imagen mental del objeto de
satisfacción -realización de deseos que Freud consideraba alucinatoria-. Pero es evidente
que la "alucinación" del pecho no produce la leche que el bebé necesita para
calmar el hambre. Esta "alucinación" implica una fantasía de control omnipotente
de la realidad (el pecho de la madre), fantasía que es desmentida cuando ésta lo frustra,
es decir, cuando no aparece a tiempo para calmar la necesidad. E1 bebé comienza a percibir que el
pecho no es algo producido mágicamente por su necesidad, sino que es libre y externo a él.
De esta manera, la frustración moderada de las necesidades resulta evolutiva para el aparato
psíquico, pues obliga al bebé a reconocer una realidad externa que no controla. Por ende,
se ve impulsado a salir de sus fantasías omnipotentes hacia una vinculación activa con
dicha realidad.
Siempre según Freud, la madre es el primer objeto aceptado como real cuando el
bebé reconoce que no es él mismo quien satisface sus necesidades omnipotentemente. Se
instaura así el principio de realidad, con el funcionamiento de la prueba de realidad. Conviene
aclarar que la frustración excesiva no resulta evolutiva, ya que el proceso primario sólo
puede calmar la tensión hasta un cierto punto, más allá del cual ésta abruma
al aparato psíquico. La frustración que aquí se plantea como evolutiva resulta de
las inevitables imperfecciones en la tarea del maternaje. Pero hemos dicho que si bien la
satisfacción alucinatoria o fantástica de deseos, propia del proceso primario, ayuda a
postergar la satisfacción real por un breve tiempo, resulta por sí misma insuficiente para
calmar las necesidades. Para aliviar las tensiones inherentes a los conflictos se hace necesario un
nuevo mecanismo adaptativo que lleve al organismo a un funcionamiento más adecuado en la
interacción con la realidad. Freud llamó a este nuevo modo de funcionamiento proceso
secundario. E1 modo de funcionamiento del aparato psíquico según el proceso secundario
está relacionado con la instauración. del principio de realidad, que se superpone al de
placer. Si el principio de placer buscaba la descarga en forma inmediata, el de realidad, en cambio,
tiene como objetivo postergar la misma hasta que aparezca o sea producido el objeto real que
proporcionará satisfacción. Por ejemplo, no cualquier cosa que el bebé se ponga en
la boca calmará su hambre, de manera que se verá obligado a discernir cuál resulta
efectivo y cuál no. Además, debe aprender también a dirigirse hacia las fuentes
reales de satisfacción, en lugar de permanecer en una fantasía que no se las
proporcionará más que en forma "alucinatoria". Aquí es donde entra en
funcionamiento el proceso secundario. El proceso secundario es el encargado de descubrir en la realidad,
o de producir en ella, aquellos objetos que satisfarán las necesidades psíquicas. Sus
instrumentos son la percepción, la cognición, el pensamiento y la acción motriz
coordinada, con los cuales el bebé comienza la prueba de realidad. Como dice Hall (1990)
"E1 proceso secundario cumple lo que el primario es incapaz de hacer, es decir, separa el mundo
subjetivo de la mente del mundo objetivo de la realidad física. El proceso secundario no comete
el error del proceso primario de considerar la imagen de un objeto como si fuera el objeto
mismo". Hablar de principio de realidad y de proceso secundario supone reconocer que se ha
diferenciado del Ello una nueva instancia psíquica encargada de estas funciones: el Yo. E1 Yo es
aquel aspecto de la personalidad total que se hace cargo de las funciones cognitivas y del control de la
actividad motriz. Se convierte así en el ejecutivo encargado de satisfacer las necesidades del
Ello, pero respetando las condiciones de la realidad. Para la capacidad de tolerar la tensión
tienen primordial importancia la repetición de las experiencias del maternaje, que además
de la frustración necesaria, han aportado también al bebé la predictibilidad de que
logrará la satisfacción en lapsos regulares -rudimentaria noción de tiempo-, antes
de que la tensión abrume al aparato psíquico. De esta forma, por la confianza en que
llegará la satisfacción, se modera la imperiosidad pulsional, que impedía disponer
del tiempo suficiente para percibir los objetos reales. Por esta razón resulta importante la
regularidad del maternaje, que aportará al bebé lo que Erikson llamó una
sensación de confianza básica en el mundo. De esta forma el bebé comienza a poder
dilatar en el tiempo la imperiosa necesidad de satisfacer las pulsiones. El pequeño empieza a
tener en cuenta la realidad, aunque en el fondo siempre referida a sus necesidades, ya que el proceso
secundario y el principio de realidad no reemplazan al proceso primario y al principio de placer, sino
que los complementan. El objetivo final sigue siendo la descarga placentera de la satisfacción de
necesidades, pero ahora con la posibilidad de dilatar los tiempos para llegar a la meta, y por lo tanto,
pudiendo desarrollar interés en los objetos. Dicho interés estará en un principio
estrechamente ligado a las necesidades, y sólo luego surgirá el interés por los
objetos en sí mismos. Con el progreso de esta capacidad, llegará más adelante, en
la evolución, la posibilidad del amor donativo y altruista, así como el respeto por las
necesidades del otro en cuanto tal. En síntesis se puede afirmar que el Yo es el encargado de
conciliar las demandas del Ello con las posibilidades provistas por el mundo exterior. Como quedó
dicho, el principio de realidad permite la postergación de la satisfacción, y va
constituyendo lo que luego será el pensamiento realista, aquel que someterá los hechos a
la llamada prueba de realidad. A tal efecto el Yo asume el control de la actividad cognitiva, orienta
los caminos para la acción, e intenta coordinar las funciones de las restantes instancias de la
personalidad (Ello y Super-Yo).
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