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- El principio de Nirvana

Para entender cómo se produce la salida de este encierro primario -que abusivamente ha sido denominado autismo fisiológico-, se ha recurrido a diversas interpretaciones, entre las cuales logró singular éxito la de los autores freudianos y postfreudianos, basada en el llamado principio de Nirvana. Intentaremos resumirlo.

 

Esta posición teórica parte, desde "Más allá del principio de placer" (Freud, 1920), de una concepción de la vida como perturbación aleatoria de la materia inorgánica. Basándose en las teorías científicas de fines del siglo XIX, los autores aludidos consideraron que la vida ocurrió como un accidente improbable, y que su mismo carácter de inestabilidad la obliga contantemente a intentar volver al equilibrio estable del que partió. De manera que resulta fácil comprender por qué al referirse a la vida, quienes así piensan, la consideren constantemente sometida a una fuerza primaria que busca el retorno a lo inerte. Por lo tanto ven al recién nacido como un ser que trata de eliminar todos los estímulos con el objeto de volver al estado de equilibrio y reposo. Pero, reconocen, el medio logra imponérsele a través de algunos de sus miembros -aquellos que satisfacen sus necesidades primarias-, especialmente la madre.

Esta llega a ser aceptada condicionadamente, dado que su imagen queda ligada a la eliminación del hambre, lo que a su vez le permite al niño regresar a un estado de Nirvana "similar" al prenatal. En esta visión, las relaciones interpersonales llegan a establecerse en tanto se constituyan en un medio eficaz para disminuir la tensión de las necesidades primarias. Continuando con esta línea de pensamiento, los logros culturales pasan a ser sublimaciones de dichas necesidades no satisfechas: el principio de realidad no sería otra cosa que una concesión que el hombre le hace a1 ambiente, postergando por un cierto tiempo la exigencia imperiosa de aquella fuerza primaria que busca eliminar todo lo que le impide volver a la no-vida.

Conviene aclarar que, tanto en Freud como en algunos de sus discípulos, se encuentran gérmenes de un pensamiento más adecuado a la realidad regida por el proceso de la Evolución, pero a pesar de ello la visión que acabamos de esbozar es la que ha predominado en amplios ambientes de la psicología psicoanalítica.

 

La metahomestasis y el equilibrio

 

Hay una hipótesis según la cual la vida psíquica se halla regida por el principio de la homeostasis, es decir, de la búsqueda, a cualquier costo, de la conservación del equilibrio "recordado" de la no vida. Sin embargo, como hemos dicho anteriormente, e1 conjunto del proceso evolutivo se fundamenta en un desarrollo metahomeastático. Esta realidad es fácil de comprobar observando la dirección de todo el proceso de la Evolución, que implica la ruptura constante del equilibrio logrado, en busca de nuevos equilibrios en niveles de integración cada vez más complejos. E1 mismo Freud, en "Más allá del principio del placer" (1920), se vio obligado a aceptar que este carácter direccional parece indiscutible. Su idea de las pulsiones de vida responde a esta observación, pero finalmente, dada su concepción del aparato psíquico como un sistema cerrado, retornó a la postulación de las pulsiones de muerte como prevalentes en el largo plazo. En tal contexto, el impulso a la integración y complejificación se explicaría, en última instancia, como una sublimación de las necesidades primarias insatisfechas.

 

E1 segundo principio de la termodinámica postula que, en un sistema cerrado, que no intercambia energía con el exterior, la tendencia natural es hacia el estado de mayor equilibrio, que coincide con el de mayor desorden. Dado que Freud concibe la psiquis como un sistema cerrado, este principio le sirve como base para la teoría de la pulsión de muerte. Sin embargo, hoy se acepta que nada en el Universo constituye un sistema cerrado y que cada nivel de organización de la materia cósmica se halla positivamente entretejido con todos los demás, en un constante intercambio de energía, que necesariamente conforma un sistema abierto. Y en un sistema abierto los intercambios de energía se constituyen en fuerzas que alteran el equilibrio del mismo sistema, pudiendo favorecer formas de organización más complejas que adquieren un dinamismo propio. Ellas, a su vez, satisfacen la tendencia a un equilibrio más dinámico, y por lo tanto, más estable.

 

La homeostasis y la metahomeostasis, la tendencia a conservar el equilibrio logrado y a romperlo en busca de un nuevo nivel de organización, constituyen las dos fuerzas en relación dialéctica sobre las que asienta el dinamismo de la Evolución. Todo equilibrio logrado, por suceder en un sistema abierto, tiende a romperse, y esta ruptura impulsa la búsqueda de un nuevo equilibrio dinámico, pero ahora en otro nivel de integración y organización de la materia. Un nivel que pueda responder mejor a la necesaria flexibilidad adaptativa de un sistema abierto.

 

En esta visión, que es por la que optamos, la vida no puede ser vista como una perturbación aleatoria de la materia inorgánica, la que por lo tanto tendería a volver a ese estado. Por el contrario, la vida surge como resultado de una fuerza primariamente metahomeostática. Por ello, frente al fundamento y consecuencias del esquema del Nirvana, consideramos más adecuado postular que la satisfacción de las necesidades primarias conduce a liberar una fuerza metahomeostática preexistente, de ninguna manera a crearla. Es inconcebible suponer que un vínculo madre-hijo, por muy privilegiado que sea, pueda vencer, por sí solo, lo que algunos pensadores estiman como una tendencia básica de la materia: "volver a la no-vida". No es la búsqueda del Nirvana prenatal, sino la tendencia a salir de sí lo que constituye la fuerza primaria en la evolución del niño. Dicha fuerza encuentra, en la relación madre-hijo, su primera y más significativa matriz de desarrollo, que -en los casos en que el vínculo es sano- lleva al ser humano al encuentro con el mundo, más allá de la presunta vinculación incestuosa. Sólo cuando esta fuerza primaria es inhibida, aparece en primer plano la tendencia homeostática, que entonces puede impresionar como la única existente.

 

Aceptar la interpretación del niño como una computadora programada para rechazar todo estimulo, sería como admitir que el psiquismo infantil es la única cosa en el Cosmos que no se rige por las leyes de la Evolución. Antes bien, creemos que el ser humano es un organismo, una partícula del universo -solidaria con éste-, por la cual pasa el flujo de aquella poderosa corriente metahomeostática que no es otra cosa que una de las dos fuerzas -vinculadas dialécticamente- de la Evolución. Esta corriente metahomeostática conduce al hombre a enfrentar y reconocer la realidad en base a las necesidades evolutivas antes mencionadas (de expansión, flexibilidad adaptativa, libertad y amor).

De acuerdo con esta visión la exploración del mundo exterior, el conocimiento de sí mismo y el sentido de realidad, pueden servirnos como "medidas" del desarrollo de la conciencia reflexiva. En este sentido, cada una de los principales ámbitos en que se ha dividido el desarrollo psicológico para su mejor estudio, nos muestra aquella misma tendencia metahomeostática que observábamos en el vínculo primario del bebé con su madre.

 

En el plano de la evolución cognitiva, las descripciones de Gesell (1954), y las mucho más profundas y explicativas de Piaget (1965, 1966), son suficientemente esclarecedoras sobre el sentido de organización progresivamente compleja y correlativamente consciente y reflexiva del psiquismo humano. E1 logro de la noción de objeto es un apasionante ejemplo de la fuerza que impulsa al niño a salir de sí para interactuar con una realidad constantemente ampliada. Todos los desarrollos cognitivos estudiados por Piaget juegan en realidad un papel similar. En el ámbito afectivo, la teoría freudiana de la evolución de las relaciones objetales (la vinculación progresivamente más diferenciada con un otro), se convierte en una nueva confirmación de aquella misma salida de sí, siempre que cuidemos de relativizar -a la manera de Fairbain (1975)- la primacía en este desarrollo de las llamadas zonas erógenas. La noción de lucha dialéctica entre seguridad y libertad aportada por Fromm, cuando es liberada de cualquier reduccionismo sociológico, permite fundar más sólidamente las tendencias correlativas a la libertad y a la donación voluntaria fundada en ella.

 

Vistas así las dos posiciones teóricas desde las cuales es posible observar el desarrollo psicológico individual, y las implicancias que éstas tienen para su comprensión, estamos ya en condiciones de buscar, en la secuencia evolutiva ontogenética, aquellas líneas direccionales metahomeostáticas cuya existencia podíamos inferir en la filogenia

 

Las líneas de la evolución en el desarrollo individual

 

La secuencia ontogenética que acabamos de esbozar podría exponerse de manera algo más desarrollada haciendo mención de las líneas evolutivas que serán tratadas más extensamente en la II Parte.

 

* Progresión cognitiva (indicadora del logro de la conciencia reflexiva, según la tendencia a una mayor complejidad organizativa consciente).

 

Partiendo de un pensamiento sensoriomotor limitado al presente, se produce la emergencia de la noción de objeto, de la función semiótica, de la reversibilidad de pensamiento, de las invariantes de forma, color, volumen y peso, y finalmente de la capacidad de abstracción, con la posterior flexibilización de los esquemas cognitivos según la experiencia de la realidad.

 

* Desarrollo de la flexibilidad adaptativa .

 

Se inicia con la posibilidad de tolerar pequeñas frustraciones y la capacidad de controlar la motricidad esencialmente humana (bipedestación y prehensión en pinza digital), luego se da la flexibilidad entre ajuste y control en la interacción con el grupo familiar y los pequeños grupos de pares; por fin se logra igual libertad adaptativa en el marco cultural y social, con el desarrollo del sentido de barrio, de clase social, de provincia, nacionalidad y ciudadanía mundial, preservando al mismo tiempo la libertad y la identidad individual. Esta línea se completa, en cada vez mayor número de sujetos, con el descubrimiento del proceso de la Evolución y el compromiso histórico y cósmico correspondiente.

 

* Evolución de la afectividad (correlativa de la tendencia filogenética hacia el amor consciente).

 

Esta línea parece iniciarse -por lo menos de manera más manifiesta- con la respuesta al rostro humano de frente, para continuar con la discriminación visual de la madre, la crisis que permite separarse de ésta, la construcción y asunción del conflicto triangular de la familia, el descubrimiento del mundo que está más allá de los limites del hogar, la crisis erótica puberal, el despertar y control genital, y culminar con la posibilidad de proyectar y concretar una pareja estable, dialogal y procreativa.

 

* Desarrollo de la socialización (expresando la tendencia a la expansión y orientado hacia el amor fraterno).

 

Esta dirección implica, sucesivamente, la posibilidad de separación de la madre, la integración en grupos progesivamente más amplios, la pérdida de la posesividad en las relaciones personales, la creciente comprensión de los sentimientos ajenos, la valorización de la propia integración en los grupos y el hallazgo de sentido de los mismos, el reconocimiento de pertenecía institucional, y, a través de interacciones progresivamente flexibles, el perfeccionamiento del amor fraterno.

 

* Autenticidad moral (exclusiva del hombre y que presupone la libertad).

 

Parte desde una moral heterónoma, basada en la presencia física de los padres, con reglas morales rígidas e inviolables, encarnadas en ellos, pasa por la interiorización de tales normas, por el juicio moral basado en las consecuencias materiales de la acción, luego por el juicio moral basado en las intenciones de dicha acción, la asunción de la reversibilidad de la aplicación de reglas, la construcción de una moral basada en la igualdad y el consenso social, para llegar finalmente a una moral autónoma, basada en la equidad, que toma en cuenta los distintos aspectos del acto moral, y que supone la existencia de creatividad y de flexibilización de las reglas morales en orden a una mayor autenticidad.

 

* Espiritualización religiosa (también exclusiva del hombre, implicando a todas las líneas de desarrollo antes mencionadas).

 

Partiendo de una religiosidad estrechamente ligada a lo afectivo, a la transmisión de la vinculación con Dios a través de la madre (en el seno de la relación madre-hijo), y pasando luego por una imitación de los actos devocionales de los mayores en busca de un marco de expresión de sentimientos religiosos aún difusos, se dirige, en un primer momento, hacia una religiosidad concreta -en la que lo divino tiene carácter antropomórfico- y estrechamente ligada a las reglas y a la moral; luego se da el progresivo descubrimiento del significado de los actos litúrgicos y el desarrollo de un sentimiento de pertenencia a una comunidad, para finalmente llegar a una espiritualización religiosa creciente, con desarrollo del sentido de trascendencia divina, integración de todos los niveles del ser en la experiencia religiosa, y mayor compromiso comunitario.

 

Es importante recalcar que estas líneas de desarrollo han sido separadas aquí y en el resto de la obra, en forma arbitraria, ya que en la realidad de la observación clínica es imposible considerarlas de esta manera. Desde cada uno de los escalones evolutivos mencionados, parten relaciones que lo conectan con los precedentes y subsecuentes, así como con las demás líneas direccionales que hemos esbozado.