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familia

 

 

 

El concepto de familia y matrimonio

Si bien cuando desarrollemos el aspecto filogenético de la familia, enfrentaremos  un buen número de datos sobre sus precursores evolutivos, en ningún momento dejaremos de lado la idea básica de que este tipo de organización social es exclusiva del homo sapiens sapiens, dado que lo natural-instintivo no basta para explicar su existencia.
 

     El concepto de familia no ha podido liberarse de una cierta imprecisión. Se ha intentado disimular el inconveniente agregándole al vocablo familia, calificativos tales como ampliada, restringida, vertical, horizontal, comunal, natural, etc.,  si bien  con resultados habitualmente poco halagüeños y merecedores dediversas críticas adversas. Si ésta es lasituación en el campo de la Antropología, fácilmente podremos imaginar las dificultades que hemos de enfrentar cuando pretendamos encarar el tema desde el punto de vista de la Psicología. Las limitaciones para lograr este último objetivo se patentizan en las palabras de Veyne (1984): "no es que se quiera  quitar  todo  interés   a  la  observación  de los comportamientos y de sus componentes psicológicos, sino que tales aspectos no pueden elegirse, con cierta posibilidad de éxito, como el punto de partida de un análisis del parentesco en la medida en que, lejos de ser elementos determinantes dentro del funcionamiento de las relaciones de parentesco, son por el contrario, elementos determinados por el sistema de parentesco, y que están más allá de la estructura social y global,  no pueden ser considerados pues -y estudiados-, sino como manifestaciones de los caracteres del sistema, y concretamente de su coherencia o de las tensiones que producen en ellos".

Podríamos decir entonces que para este autor el parentesco -término que usa como sinónimo de familia-,  es  un  fenómeno  primordialmente  cultural, que también cabe caracterizar como un "conjunto de relaciones sociales que constituyen un sistema" (ibid).

     Por su parte Lévi-Strauss (1974) considera que para que un grupo social merezca la denominación de familia debe reunir por lo menos tres caracteres:
     1)  ser consecuencia del matrimonio;
     2)  estar integrado por la pareja conyugal  y los hijos nacidos de ella, con
          el agregado o no de otros parientes; y
     3)  presentar   una   unión  debida  a   "a)  lazos legales,  b)  derechos  y
         obligaciones económicas, religiosas y de otro tipo, y c) una red precisa de derechos y prohibiciones sexuales, más una cantidad variable y diversificada de sentimientos psicológicos tales como amor, afecto, respeto, temor, etc.".

     Si bien este autor no considera a la familia nuclear como la unidad elemental de la sociedad, cree que esta última debe necesariamente darle a aquélla, alguna forma de reconocimiento, ya que se trata de  "la emanación, al nivel social, de aquellos requisitos naturales sin los cuales no podría existir la sociedad, y en consecuencia, tampoco la humanidad" (ibid).

     ¿En qué se apoya Lévi-Strauss para sostener tal cosa? Entre otras consideraciones recurre al pensamiento de un filósofo del siglo XVI a quien lamentablemente no identifica, y según el cual el hombre sólo puede superar a la naturaleza obedeciendo sus leyes. De esta manera queda sentada una de las bases para la comprensión bio-psico-social de la familia, marco dentro del cual deseo encuadrar este ensayo.

     Para ampliar en algo la óptica expuesta consultaremos a Gough (1974), quien menciona como caracteres universales coadyuvantes a la definición de familia: la convivencia en una morada común, la división del trabajo de acuerdo al sexo, la durabilidad matrimonial ("aunque no necesariamente de por vida"), el constituir el fundamento de la paternidad social -fisiológica o no-, y el status más elevado del varón.

     Con respecto a este último rasgo frecuentemente se han planteado dudas sobre si constituye una realidad clasificable como una verdadera invariante filogenética. Tales dudas se basan ante todo en la presunta existencia de sociedades matriarcales pero fueron rápidamente aventadas por numerosos investigadores, en ocasiones por medio de frases tan contundentes como las de la autora que estamos siguiendo. Para ella en las pocas sociedades a las que se les adscribió tal carácter, y siempre restringiéndonos a aquellas "de las que poseemos descripciones dignas de crédito, los cabezas de familia, de linajes y de grupos locales, son siempre hombres". Y ratificando y aclarando el concepto subyacente afirma:  "de hecho, ni la realidad existente ni nuestros conocimientos literarios al respecto nos permiten hablar de verdaderas sociedades matriarcales (...) y por el contrario todo parece indicar que nunca existieron" (ibid).

     Zonabend (1988) ha intentado salvar los inconvenientes de tantas discusiones teóricas afirmando pragmáticamente que "antes de ser uno mismo, se es hijo o hija de X o de Y, se nace en el seno de una familia. Antes de ser socialmente cualquier otra cosa, se es identificado por un apellido". La conclusión a la que llega el ensayo que estamos citando se condensa en la rotunda afirmación que lo encabeza: "la familia no necesita explicación, es como el lenguaje, un atributo de la condición humana" (ibid).

     Volveremos sobre el tema en el Capítulo VI.

FAMILIA Y MATRIMONIO

     Ante todo cabe señalar que para ciertos estudiosos del tema, el vocablo matrimonio, deriva etimológicamente de maritus = marido, y éste, a su vez de  mars, maris = macho.  El  ya mencionado predominio masculino -del que  volveremos a ocuparnos más adelante- parece estar vinculado, a través del establecimiento de derechos especiales, con el rol de protector y proveedor, del que la mujer quedó excluída en los grupos de tecnología precaria, debido tanto a su función de maternaje, como a las limitaciones de su equipo motriz.

     El matrimonio es un tipo de unión perfectamente diferenciable del apareamiento, el cual presenta como objetivo central la satisfacción sexual, está marcado por la transitoriedad y la casualidad, y no implica ningún tipo de obligación o de responsabilidad de cada miembro para con el otro o para con los demás.

     Lévi-Strauss (1974) distingue el matrimonio sancionado por el grupo, de otras uniones más o menos permanentes, pero apoyadas sólo en el consentimiento mutuo. Estas últimas, son evaluadas con un status más bajo, mientras "casi todas las sociedades conceden una apreciación elevada al status del matrimonio". La consideración brindada al matrimonio coincide con el hecho de que muchas de esas mismas sociedades manifiestan claros signos de repulsa por el celibato o por la pareja sin hijos. Resulta fácil explicarse semejante descalificación a la luz de la división del trabajo por sexos, que convierte, a quienes están en una de aquellas dos condiciones, en miembros más vulnerables, dentro de la estructura social,  en cuanto a la subsistencia se refiere. Es comprensible por lo tanto que en casi todas las culturas "el matrimonio no se origine en los individuos sino en los grupos interesados" (ibid). Al hablar de tales grupos interesados no podemos dejar de pensar en la institución del matrimonio exogámico, capaz de crear relaciones y derechos nuevos entre los grupos sociales que se intervinculan a través de él.

     Para Beals y Hoijer (1963) el reconocimiento y la aprobación sociales siguen jugando un papel definitorio del vínculo conyugal. Estos autores  alínean este tema tanto junto al de la convivencia, como a otros, tales el de la cooperación y el de la procreación. Con respecto a este último recordemos que hay culturas en las que el matrimonio no es válido hasta el nacimiento del primer hijo. Esta relación de la institución matrimonial con los hijos ha sido certificada por la mayor parte de los antropólogos que se ocuparon del tema. En este sentido Seguin (1979) reproduce una afirmación  de Murdock ("Our Primitive Contemporaries", 1934) en la que se distinguen en la familia nuclear "cuatro funciones fundamentales para la vida social humana: la sexual, la económica, la reproductiva y la educacional".