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Juegotecas callejeras (continúa)
Las juegotecas de este tipo tienen algo en común con el dispositivo inventado por
algunos psicoanalistas a comienzos del siglo XX, que llamaron a su abordaje: "hora de juego",
en la que realizaban un diagnóstico de un niño en un consultorio mediante la
implementación de una serie de juegos o juguetes que el niño usaba -dando así a
conocer el estado de su patología mental, en el caso que la hubiere.
En este tipo de dispositivos se privilegiará más todo lo referente a un
diangóstico de situación antropológica, es decir, un acercamiento a las necesidades
de un grupo, como ya se ha visto.
Pasos de la hora de juego antropológica
La conciencia de enfermedad, al pensarla como conciencia de situación ,
se postula como el primer objetivo de la hora de juego antropológica. Una vez que se diagnostica
la necesidad, existe una instancia de naturalizarla. En este caso no se trabaja una necesidad sino la
aparición espontánea de una demanda. No se entregan camas sino que se brinda un espacio de
juego, en la medida que se encuentra una dificultad en los niños, cuando ellos desean de alguna
manera de acercarse a ello -en relación a la supuesta caridad hubo un proyecto conocido en la
Argentina de 1990 bajo el lema de "ni dar el pescado ni enseñar a pescar, sino criaderos de
peces" con lo que se anunciaba la entrega de varias computadoras a escuelas rurales que, por supuesto,
no tenían energía eléctrica para usarlas.
En el caso donde esta indagación del método señale como resultado
una demanda por parte de los niños -entendido no sólo el pedido de quedarse jugando sino
las manifestaciones de una necesidad conciente, una señal de beneficio "terapéutico"- es
donde se propiciará una continuidad del espacio.
La idea de describir la técnica en pasos resultará útil sólo
en los casos que se pretenda usar como herramienta de un plan de salud específico. De ser
posible, esta sinopsis debe ser modificada según el contexto a modo artesanal y flexible.
1. Identificación de la población, consistente en la
búsqueda de niños que estén en un lugar de referencia donde sea posible ubicarlos
en días consecutivos. Es el primer paso para lograr un acercamiento, base de la posterior
confianza necesaria.
2. La doble naturalización : por un lado, naturalizarse con el
contexto y la problemática. Por el otro, naturalizar la demanda de los destinatarios, esto es,
articular una falta con la posibilidad de pedir, que tanto se desarrolla en estos niños de forma
automática cuando piden dinero. Lograr esta conciencia de algo no tan inmediato como es lo
material tiene una dificultad metodológica. Aquí es cuando se propone quizás lo
original del trabajo, que es el empleo de la observación participante. Aquí la
entenderemos, en resumidas cuentas, con trabar amistad al involucrarse en sucesivos días mediante
una técnica o mediante simples charlas espontáneas.
3. Propuesta (derivación efectiva a algún centro de
voluntariado).
Conclusión: aportes del análisis cultural a las prácticas
de la salud
La hibridación de los enfoques desde lo colectivo (dado por las ciencias
sociales) y desde lo individual (dado por las disciplinas sobre la mente) ha sido un objetivo encarado
con asiduidad por parte de antropólogos, sociólogos y psicólogos. Mientras las
teorías se van complejizando en la medida que avanza cada ciencia sobre su campo de estudio,
surgen dificultades para que en la práctica se condense un fruto de tales elaboraciones. La
utilización de la herramienta psicológica de una hora de juego es propuesta como un
acercamiento rápido en los sujetos de estudio de las disciplinas sociales, que muchas veces
encuentran obstáculos en la entrada al terreno para la observación. Esto quiere decir que
los resultados encontrados no serán los finales sobre un grupo a estudiar por un
etnógrafo, pero sí puede facilitar la técnica y hallar numerosas cuestiones que se
ponen claramente de manifiesto en el espacio lúdico. Esto mismo es lo que funcionará, al
apuntar hacia el otro extremo del enfoque, como una intervención en el campo de la salud.
El aporte de la hora de juego es entonces una plataforma sencilla como primer paso de un
trabajo que abre caminos conjuntos tanto para un trabajo a nivel de salud mental como de conocimiento
social. Una vez que se ha jugado, los niños nunca terminan su tarea allí, entonces
¿por qué lo haríamos nosotros? En otro entorno los chicos que juegan encuentran
rápidamente algo que hacer. En este caso existe una falta de propuesta y una obligación de
sobrevivir por los propios medios. Entonces no se trata de brindar lo que nunca se tuvo, sino lo que no
se está teniendo en el momento presente. Por eso resulta conveniente anudar las carencias, por
más que en la constitución de ese ser humano hayan faltado elementos cruciales del
desarrollo. Antes que nada cabe considerar esa carencia estructural, entenderla y respetarla.
Sólo a partir de aquí será posible enfocarse en el signo visible, en ese
desinterés del presente, un fatalismo cuyo peligro consiste en inmovilizar, en perpetuar una
situación como es la falta absoluta: cuando todas las puertas siempre estuvieron cerradas.
A partir de la plataforma de la hora de juego pueden sistematizarse estrategias de
acción en circuitos urbanos con el fin de lograr una funcionalidad como espacio sostenido.
Existen muchas experiencias de voluntariado que se inscriben en este orden, cuyo éxito se vuelve
relativo a la espontaneidad tanto del lugar encontrado como del juego propuesto. Es menester que la
conciencia de situación tenga lugar para que el proceso lúdico pueda funcionar en el
sujeto de la manera esperable para su desarrollo: lo que está más allá de la
condición social.
Esto significa que dicha conciencia individual ha de ser el objeto de todo trabajo en
este sentido, apoyándose siempre en la estructura comunitaria como abordaje completo de la
situación.
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