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Psicología del jugar infantil

 

La evolución del juego, tanto filogenética como ontogenéticamente, constituye uno de los temas más importantes de nuestro recorrido por la psicología evolucionista, debido a lo que implica en el proceso de la hominización. En efecto, todo lo que vamos a desarrollar nos autoriza a afirmar desde ahora que el hombre sólo es hombre cuando juega y, de hecho, se convierte en hombre precisamente al jugar.

 

Es que el juego, como define Bally, resulta el fundamento del logro de la libertad y de la autoconciencia, fenómenos que hemos señalado como características del nivel humano de organización de la materia. Estas características se alcanzan y se sostienen en el espacio abierto que el juego le proporciona al hombre.

La primera parte de nuestra exposición consistirá en una reseña de las distintas posiciones teóricas sustentadas por los diversos investigadores con respecto al juego. Dicha reseña incluirá, de manera muy especial, la postura de Gustav Bally, quién aportará también los aspectos filogenéticos que venimos desarrollando al comienzo de cada capítulo. Continuaremos con un análisis de las relaciones entre juego, creatividad y realidad, así como un estudio de los diversos tipos de juego y su papel en el proceso de socialización. Por último, trazaremos las principales líneas en la evolución ontogenética del juego.

 

Diversos enfoques teóricos sobre el juego

 

La teoría psicoanalítica

 

En "Más allá del Principio del Placer", Freud sostuvo que el juego le sirve al niño para repetir las experiencias que lo impresionaron, logrando así una forma de la "necesaria" descarga energética, que le permita regresar al estado de equilibrio psíquico (homeostasis).

 

Esta concepción deriva de la idea freudiana sobre el predominio de la pulsión de muerte, que, como ya hemos visto, constituiría una fuerza regresiva primordial, cuyo objeto es el retorno a la no-vida. Con este fundamento, se supone que todas las experiencias buscan ser repetidas compulsivamente hasta agotar la estimulación. Pero la estimulación -tanto externa como interna- nunca cesa, por lo cual el aparato psíquico se ve ante la tarea permanente de reducir las tensiones. El juego es entendido entonces como uno de los mecanismos repetitivos destinado a tal reducción de estímulos.

 

De esta manera, el juego se ubica dentro de la órbita conceptual de la regulación pulsional, en el marco teórico correspondiente al concepto de "compulsión a la repetición".

Pero Freud trascendió la estrechez de una antropología tan rígida, mediante el estudio sistemático del simbolismo que se expresa en los sueños, los síntomas, los actos fallidos, etc. Con lo que enriqueció notablemente su aparato teórico. E1 juego también fue incluido en esta óptica, entendiéndoselo como expresión inconsciente y significativa de actos y deseos prohibidos, o de necesidades tales como las de protección, seguridad, etc. El juego se convirtió entonces en un medio expresivo de los conflictos intrapsíquicos. El eficaz uso del juego en las psicoterapias de niños, sobre todo a partir de los aportes técnicos de A. Freud y de M. Klein, fue consagrando esta concepción teórica, hasta llevarla en muchas ocasiones a las proximidades de la creencia.

 

Posiciones divergentes. Winnicott y Chateau

 

Muy pronto surgieron disidencias respecto de estas interpretaciones, tanto dentro como fuera del campo psicoanalítico. Chateau calificó la interpretación freudiana de la actividad lúdica como insuficiente y abusiva, por cuanto no explicaba muchos fenómenos observables en el juego y en cambio se remitía a una base teórica (la pulsión de muerte) que, en el mejor de los casos, resultaba sólo hipotética. Winnicott, aunque formado como psicoanalista, también difirió de las postulaciones "ortodoxas", y consideró que el juego, en general, no sólo no responde a la necesidad de descargar cierto grado de excitación pulsional, sino que muy por el contrarío, tal excitación es capaz de interferir en la concreción del jugar. En este orden de ideas llegó a afirmar que "las pulsiones son el principal peligro, tanto para el juego como para el Yo" (Winnicott, 1977). Por todo ello, este autor entenderá la actividad lúdica como independiente del concepto de sublimación de las pulsiones. Su especial concepción del juego será analizada más adelante, en relación al problema de la creatividad y la realidad en el jugar.

 

A1 comentar aquí estas opciones teóricas divergentes, debemos destacar que tanto Chateau (desde una posición no opuesta aunque sí diferente de la freudiana), como Winnicott (desde el propio campo psicoanalítico), tipifican a muchos estudiosos de las conductas y vivencias infantiles, que entendieron el juego como un fenómeno que no sólo trascendía el nivel de lo pulsional, sino que además servía para una delimitación ontológica de lo humano.