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familia

 

 

 

- VI -

HISTORIA DE LA INSTITUCION FAMILIAR

 

 Ateniéndonos al concepto de familia que adelantáramos en el Capítulo I, revisaremos la historia de este particular fenómeno psicosocial a lo largo de las diversas etapas históricas, aunque en lo posible limitando la descripción a aquellos datos que no fueron expuestos en capítulos anteriores.
 

            

     Quienes han intentado bucear en la prehistoria de esta especial organización humana han caído con frecuencia en el error de tomar sus propias interpretaciones como hechos concretos, y así llegaron a creer en la existencia real de antecedentes genéticos de esa historia en las asociaciones grupales de  diversas especies prehumanas. Es lo que sucedió con todas las fantasías tejidas alrededor de las huellas de pisadas halladas en Laetoli  (Tanzania), de las que no nos ocuparemos pues parecen haber sido dejadas por tres ejemplares que no pertenecían al grupo sapiens. Grupo al que sí pertenecía la mujer cuyos restos fosilizados, de unos 9.000 años de antigüedad muestran una multiplicidad de fracturas que por haberse consolidado mucho antes del fallecimiento permiten afirmar que en ese lapso recibió una ayuda permanente, sin la cual no hubiera podido sobrevivir. Sin embargo tampoco es lícito en este caso extraer otras conclusiones más allá de la referida a la existencia de la solidaridad como dato definitorio del ser humano.

     Zonabend (1988) ha sostenido que las razones biológicas puras no alcanzan para explicar la existencia de la institución familiar: "ni la paternidad ni la maternidad se reducen a papeles biológicos; se encuentran socialmente determinadas, lo mismo que el amor paterno o materno. Análogamente,  ninguna razón natural permite comprender la obligación de proseguir las relaciones sexuales entre una pareja de individuos a lo largo de toda una vida. Sin embargo se observa que cualquier sociedad establece una diferencia entre unión legal, sancionada jurídicamente, y unión libre (concubinato) o relaciones sexuales esporádicas,  aunque éstas sean toleradas o incluso prescritas por el grupo. En todas las sociedades tradicionales organizadas en grupos de edad, se separa claramente a los casados de los solteros y, en muchas culturas, cuando estos últimos han superado una determinada edad son objeto de conmiseración: carecen de un papel preciso que desempeñar y de estatus  social reconocido".

* La familia en la prehistoria.-

¿Cómo fue la familia durante el 99% de la existencia del homo sapiens sapiens en nuestro planeta?  Los datos que poseemos, a pesar de su constante aumento, no dejan de ser irritativamente exiguos y estáticos. Como dice acertadamente Masset (1988),  las tumbas  -a veces con ofrendas-, los suelos con huellas de  fuego o de ciertas actividades desarrolladas a su alrededor, y los rarísimos vestigios de paredes de viviendas, son absolutamente insuficientes para formarnos una idea ni siquiera aproximada de cómo estaba organizada la familia de nuestros venerables antepasados: "captamos gestos o series de gestos, pero no las intenciones de sus autores". Se ha avanzado bastante en cuanto a la tecnología y la economía de aquellos grupos primitivos, pero ignoramos completamente lo que se refiere a su organización social.

     No nos queda otro recurso que  la especulación, y en ese terreno resulta muy creible que si los australopitecos marcharon en bipedestación un millón de años antes que se produjeran herramientas de piedra, las manos liberadas deben haber sido utilizadas para algo, y seguramente  debe haber sido  para transportar bultos. Masset (1988) supone que "la pareja australopiteca adquirió una ventaja selectiva de primer orden el día en que logró repartirse las tareas: la mujer se consagró enteramente a sus pequeños y el macho se encargó de ir lejos a buscar el sustento" e inmediatamente el autor se plantea: "Si estuviera en lo cierto, la familia de tipo humano sería anterior al hombre". Desde ya que las explicaciones pueden ser muchas otras, pero ésta no deja de ser poderosamente tentadora para nuestra mentalidad actual.

     Reconozcamos que los avances de la investigación han llevado el límite de la Prehistoria a los comienzos del cuarto milenio antes de Cristo, a través del descubrimiento  de pueblos y civilizaciones hasta entonces desconocidos, sin embargo como han afirmado con autoridad Alimen y Steve (1970) esta rama de la ciencia solamente "penetra en el pasado humano a través de unos restos materiales que tan sólo revelan efectos sin sus correspondientes causas, o gestos desligados de sus motivaciones íntimas".
     De cualquier manera, lo poco que sabemos ha quedado expuesto en el Capítulo V, al referirnos al matrimonio, y por lo tanto no nos queda otra opción que remitirnos a lo allí dicho.

* La familia en la Antigüedad.-

La historia de la familia en la Mesopotamia, como toda la historia de dicha región geográfica  constituye un conjunto heterogéneo de hechos correspondientes a diferentes pueblos a lo largo de tres milenios. Los documentos más antiguos se refieren a la administración de los bienes y denotan una asimetría en los roles intrafamiliares: faltan los nombres de las mujeres y de los niños. Los varones poseían la tierra en tanto miembros de un grupo: la propiedad emanaba de la pertenencia social. Glassner (1988) indica que "en las regiones de lengua acadia el acceso a los bienes era regulado, principalmente, por las relaciones de filiación agnática" (*), mientras en el país de los sumerios "se daba más importancia a la comunidad de vecindario y las relaciones de alianza que a las de sangre".

     El segundo milenio nos ha dejado un mayor número de registros escritos, sobre todo asirios y babilónicos, que el autor antes citado toma como eje de su descripción, partiendo del significado de ciertas palabras en uso en tiempos de Hammurabi, como abum (padre) que participaba de numerosas formas verbales compuestas, tales abu sabim (comandante de un cuerpo de ejército), abu alim (anciano = padre de la ciudad), o abu ashlim (jefe de un grupo de carpinteros). La autoridad que el lenguaje otorga al rol paterno nos confirma en la creencia que la familia funcionaba como una entidad patriarcal. Por otra parte, y siempre según Glassner (ibid), "la familia babilónica  clásica  parece  haber  sido  de  estructura nuclear", si bien se 
conocen algunos ejemplos de bigamia. El regimen generalmente monogámico,  se complementaba en ocasiones con el agregado de otros miembros con los que se configuraba  una familia extensa:  ésta incluía, además del matrimonio y los hijos solteros, a algún hijo casado y a su esposa.Característica que servía al regimen de posesión de la tierra,  la que tampoco aquí era un bien individual: sólo el grupo daba acceso a ella. Si un varón con una hija única no quería que el patrimonio familiar cambiara de linaje, adoptaba un yerno.

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(*) Agnado: se dice del pariente por consanguinidad respecto de otro, cuando ambos descienden de un tronco común de varón
                   a varón.
   Agnado o agnaticio = perteneciente o rlativo al agnado, que viene de varón a varón.

 

     Para los habitantes de la Mesopotamia del segundo milenio no eran aceptables las personas que no se hubieran casado o que no hubieran tenido hijos, pues se suponía que una vez fallecidos se convertirían en aquellos demonios que provocaban enfermedad y muerte a los vivos. Uno de los roles esenciales de la institución familiar era la de ocuparse de los hijos y de los muertos. Personas, tierras, antepasados y dioses componían una estructura antropológica indisociable.

   Cuando una mujer enviudaba sin tener hijos varones, recuperaba su libertad y podía contraer un nuevo enlace.

     En Egipto el grupo familiar era designado con dos vocablos procedentes  de términos cuyo sentido podría asimilarse aproximadamente a esposo o a el que engendra. Es fácil inferir la posición jerárquica del varón, que por otra parte venía así establecida desde el tiempo de la escritura jeroglífica, en la que el concepto marido estaba significado por un falo. Esta condición fue cambiando a lo largo de los siglos y ya en el Imperio Medio las genealogías subrayaban tanto el origen patrilineal como el matrilineal. Por fin en el Imperio Nuevo "la madre es también la que da el nombre, de modo que además de traerlo físicamente al mundo, da la definición del hijo, ya que en el pensamiento egipcio el nombre es constitutivo de la persona" (Forgeau, 1988).

     Tal nombre consistía en uno o dos nombres de pila,  más el de filiación, el que, sobre todo en el Imperio Medio (2.040-1780 aC), podía ser el materno.

     El status de la mujer era mucho más respetable que en Grecia, por lo que los griegos  que describieron  costumbres egipcias como Herodoto y Diodoro supusieron la existencia de un dominio femenino. La mujer era reconocida como persona jurídica. Ello no significaba que se le otorgara igualdad de derechos con el varón, cabeza de familia y poseedor del poder político, económico y cultural. Pero volviendo a la comparación con otras culturas del Mediterráneo, sorprende saber que hubo faraones que asociaron a la reina a sus acción de estado, y reinas que ocuparon la regencia durante la infancia del heredero del trono, o cuando el faraón estaba ausente por las tan frecuentes guerras.

     En el hogar la madre tiene la responsabilidad de controlar las tareas domésticas y la de educar a los hijos más pequeños, y "en las capas privilegiadas, la participación femenina en la vida religiosa, médica, cultural o festiva es importante". En el mismo nivel social la mujer acompaña al marido en los banquetes, y debe sustituirlo en la conducción familiar cuando éste muere, por lo menos hasta que el hijo mayor llega a la edad en que puede hacerse cargo de semejante responsabilidad.

     El sostén de los padres ancianos se cumple por mandato moral, pues tal costumbre no está establecida por ninguna norma jurídica.

     La familia egipcia responde al modelo de familia nuclear: las únicas palabras que identifican grados de parentesco son padre, madre, hermana, hermano, hijo, hija, mientras los restantes miembros de la familia periférica son designados con modismos  como padre del padre, hijo del hermano, etc. Inclusive los términos padre e hijo se emplean también para designar al abuelo y al nieto.

     En Israel se reconocía la existencia de un orden impuesto por Dios en la creación: el mismo Yahveh sobre todo, el hombre sobre la naturaleza, el marido sobre la mujer, los padres sobre los hijos, pero como aclara bien Lèon-Dufour (1977), "la autoridad confiada no es absoluta: está limitada por las obligaciones morales".

Los libros sapienciales señalan la necesidad del medio familiar, de un nido (Prov 27,8), de un techo para la protección de su intimidad (Eclo 29,21), de una herencia inviolable (Miq 2,2). El autor recién citado describe con realismo la vida en esa  "casa bien arreglada, en la que reina el encanto de la mujer (Eclo 26,16), pero que una mala esposa hace inhabitable (Eclo 25,16)", en la que "el hombre vive con sus hijos, que están allí permanentemente, mientras que los servidores pueden abandonarla; le gusta recibir en ella huéspedes, forzándolos, si es menester (Gen 19,2). La fundamentación teocéntrica de la casa formulada por el hebreo surge con claridad en el ya citado texto de Lèon-Dufour: "Construir una casa no es sólo  edificar sus muros,  es fundar un hogar, engendrar una descendencia y transmitirle lecciones religiosas y ejemplos de virtud; es obra de sabiduría (Prov 14,1)" (ibid).

Una de las dificultades que se han planteado para la comprensión de ciertas categorías en la familia israelita es el significado amplio de la palabra hermano, que alude no sólo a los nacidos del mismo padre o de la misma madre, sino que se "aplica por extensión a los miembros de una misma familia   (Gén 13,8; Lev 10,4),   de una misma tribu   (2Sa 19,13), de un mismo pueblo (Dt 25,3; Jue 1,3), por oposición a los extranjeros" (ibid). Esta particularidad idiomática ha dado pábulo a ciertas objeciones a la virginidad de María que sólo revelan la ignorancia de sus actores sobre el lenguaje arameo del tiempo de Jesús.

     En Grecia Aristóteles se refiere a la comunidad como resultante de tres formas básicas de vínculo humano: amo/esclavo, marido/esposa y padre/hijos, usando un término común oikia u oikos = casa, familia. Los griegos contaban con un vocabulario bastante más rico que otros pueblos para este tema, de manera que la oikia se diferenciaba  de la sungeneia = parentela. Aclaremos que ambos términos distan de ser unívocos. El doble significado de oikos se opone a uno triple de sungeneia = familia nuclear, linaje y parentela.

     Para Sissa (1988) la estructura familiar griega primitiva responde a deseos y necesidades: alimentarias, sexuales y laborales. Se trataría por lo tanto de una organización en la cual "la voluntad y la intención no desempeñan ningún papel". La autora radicaliza aún más su interpretación de los escritos clásicos cuando dice que "es el disfrute de un mismo alimento lo que define a los miembros de una oikia 'los compañeros de pesebre', según Epiménides, 'los compañeros de artesa', según Carondas; es la misma leche la que une a los habitantes de una komê" (ibid). Este último vocablo (komê) se refiere a la aldea, que en el pensamiento de Aristóteles difería de la familia (oikia) sólo por una cuestión de grado, a pesar de que el filósofo reconocía una cierta especificidad humana en la tendencia a la socialización. La familia adquiere valor, entonces como una parte sustancial de la ciudad: una verdadera escuela para que el individuo pueda incorporarse a la sociedad más amplia. Por otra parte la pertenencia de ambos progenitores  a la condición de ciudadanos, le es otorgada automática y hereditariamente al hijo legítimo. Un hijo legítimo es aquel que ha sido gestado por una mujer dada en matrimonio por algún miembro masculino de su familia de origen.

     El ciudadano griego se casaba pensando en la sobrevida religiosa: al tener hijos no sólo se aseguraba protección para su vejez, sino que descansaba tranquilo sabiendo que sería enterrado ritualmente y que alguien lo continuaría en el culto familiar. Era ésta una manera de poder esperar la felicidad en el otro mundo.

     Esta importante función de los hijos no implicaba un especial respeto por los niños: el aborto era relativamente frecuente, y un recién nacido no tenía garantías de que no se lo dejara morir hasta el quinto día luego del parto. Y aún después todavía nadie le podía asegurar que no sería vendido como esclavo.
     En Roma la palabra domus = vivienda, incluía en su significación a la  familia residencial, y el término familia designaba el patrimonio y, como afirma Thomas (1988), se refería principalmente a "la idea de tropa servil", incluyendo esclavos,  bienes y descendientes: "se superponen, sin confundirse exactamente, nociones en las que se asocian cosas y personas en una serie continua".

     El padre de familia dirigía la casa con la colaboración de su esposa, cuando ésta   había logrado ganarse su confianza.  Los hijos mayores frecuentemente preferían vivir solos o con algunos de sus pares, alquilando un apartamento. La autoridad recaía en el padre y permanecía en él durante toda su existencia. Mientras el padre vivía, los hijos eran considerados menores, cualquiera fuera su edad.  Como muchos romanos habían perdido a su progenitor antes de los veinte años, se producía la absurda situación de menores de edad que contaban con más de cuarenta años y una buena proporción de la población joven con las prerrogativas de la mayoría de edad.

     Las casas estaban siempre llenas de gente (esclavos, servidores, clientela). Vale decir que no existía intimidad y hasta había esclavos durmiendo en la habitación de sus amos, o junto a su puerta: situación para nada embarazosa pues el esclavo era tan poco importante que el romano terminaba por no verlo.

     La ya varias veces mencionada transformación de la vida conyugal y familiar que provocó sobre todo el estoicismo, y que sirvió de terreno propicio para la posterior  acción de la Iglesia, hizo que "el ideal de la pareja se convirtiera en un deber".

     El Estado romano privilegiaba a las madres de tres niños, de manera que ante el fracaso de los elementales métodos anticonceptivos, luego del tercer parto se echaba mano al abandono de los pequeños, como ya vimos en el Capítulo IV.