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familia

 

 

 

Primer problema: ¿monogamia o poligamia?

Cabalgando entre fines del siglo XIX y comienzos del nuestro, el europeocentrismo de muchos pensadores, así como una apresurada e ingenuamente simplista interpretación de la teoría evolucionista, llevaron a ciertos antropólogos a construir una escala de valores que ubicaba las instituciones de los pueblos tecnológicamente menos complejos como poco valiosas, y las propias del viejo continente como más avanzadas.

Lévi-Strauss (1974) afirma que a fin de redondear esta imagen "se inventaron caprichosamente etapas primitivas de la evolución, tales como matrimonio de grupo y promiscuidad, para explicar el período en que el hombre era tan bárbaro como para desconocer las finezas de la vida social que son propias del hombre civilizado".

De esta manera "cualquier costumbre distinta de las nuestras se seleccionaba cuidadosamente como vestigio de un tipo más antiguo de organización social".

Con el tiempo hemos ido comprendiendo que tanto en el extremo de las sociedades menos tecnificadas, como en el opuesto, lo que generalmente se impuso fue la familia monogámica, hecho que ha merecido diversas interpretaciones, pero que de cualquier manera resulta incontrovertible a nuestra altura de conocimientos. De entre aquellas interpretaciones destacaremos dos que, al ser sintetizadas como lo vamos a hacer de inmediato, pueden resultar caricaturizadas. Por eso mismo no nos cansaremos de insistir en que es necesario tomarlas con suma seriedad y tenerlas en cuenta para la comprensión de este particular fenómeno antropológico, por más que luego puedan resultar descartadas:

a) la familia monogámica es una reliquia de una etapa perfecta, perdida luego por la contaminación de la civilización, o bien

b) las diferencias son sólo aparentes y la familia monogámica se halla presente en las diversas culturas, aunque disimulada por hábitos sexuales y sociales distintos.

     Lévi-Strauss (1974) embistió contra ambas posiciones, calificándolas de simplistas, y sostuvo además,  que  "el problema de la familia no debe ser tratado de forma dogmática.  De hecho es una de las cuestiones más escurridizas del estudio de la organización social".

Reiteremos  que cada vez caben menos dudas  sobre  la  enorme  difusión  -tanto  en  la historia como  en las diversas culturas actuales- de la familia monogámica. Como refuerzo de esa convicción, y convergentemente con aquel dato, consideremos la evidente exigüidad de ejemplos de poligamia en ambas dimensiones humanas -temporal y espacial-, aunque la sola existencia de dichos ejemplos,  por pocos que ellos sean, plantea una muy seria objeción a la apresurada decisión de canonizar  la organización familiar conyugal como una necesidad natural.

     Desde que Engels (1884) publicara su versión sobre el origen de la familia actual, muchos autores,  sin reflexionar suficientemente sobre su poco sólida apoyatura arqueológica y,o antropológica, echaron mano  de tal especulación, como si se tratara de un hecho confirmado.  Conviene eludir, como según vimos hizo Lévy-Strauss,  ese campo  de elucubraciones basadas en un ingenuo evolucionismo transformista,  lastrado por los escasos conocimientos de la Prehistoria con los que se contaba en tiempos de Engels. Por el contrario lo prudente es recurrir a la información  que hoy nos aportan las ciencias positivas al servicio de la comprensión del hombre primitivo, y recién entonces entregarse a las -sólo desde ese momento- lícitas especulaciones inferidas de tal saber.

     El compañero de Marx, apoyándose en afirmaciones de Morgan, simplifica la historia de la humanidad constriñéndola a tres etapas a las que aplica una nomenclatura que adolece del europeocentrismo que denunciábamos algo antes: salvajismo - barbarie - civilización. Delimita tales etapas "según los progresos obtenidos en la producción de los medios de la existencia", y aunque formula la siguiente salvedad: "El desarrollo de la familia se opera paralelamente, pero sin ofrecer indicios tan acusados para la delimitación de los períodos",  de todas maneras expone su modode considerar este  aspecto  de la historia como si promiscuidad - poligamia - monogamia integraran una secuencia definitivamente demostrada. Más alládel uso del lenguaje típico del evolucionismo incipiente (progreso, estadios inferiores y superiores) atribuye los cambios al invento y perfeccionamientode las armas: "El arco y la flecha fueron para el estadio salvaje lo que la espada de hierro para la barbarie y el arma de fuego para la civilización: el arma decisiva" (ibid). No estará de más señalar que en esta serie queda excluída buena parte de la historia del homo sapiens sapiens, y la totalidad de los grupos precursores.

Las observaciones de Morgan en las que Engels basa sus postulaciones hacen hincapié en que  los indios iroqueses que en esa época sobrevivían en el estado de Nueva York,  usaban los términos  padre, madre, hermano, hijo, para referirse también a primos y tíos.  Como se habíahallado la misma particularidad idiomática en algunas islas del Pacífico, Engels concluye que  "si el sistema americano de parentesco presupone una forma más primitiva de la familia, que ya no existe en América, pero que encontramos aún en Hawai,  el sistema hawaiano, por su parte, nos apunta a otra forma más rudimentaria de la familia,  que si bien  no hallamos  hoy en ninguna parte (1),  ha debido (2) existir,  pues de lo contrario no hubiera podido nacer el sistema de parentesco que le corresponde" (ibid).

     Convencido  de la  realidad  de una  etapa de promiscuidad sexual, Engels afirma la inexistencia de la prohibición del incesto en el hombre primitivo, ignorando la casi universal distribución de esta conducta elusiva, compartida además con la mayor parte de los simios. A esta altura parece oportuno aclarar que lo más probable es que aquella  extensión  de la nomenclatura  referida al parentesco  en la  que se  apoyó el  cofundador del
socialismo científico responda precisamente a la necesidad de preservar  la  prohibición  del incesto que, a la manera de las conductas fóbicas, se expande a cada vez más amplias áreas de la realidad.

La posición tan particular de Engels sobre la prohibición del incesto no es ajena a la   sostenida por su amigo Marx, quien en una carta escrita en la primavera de 1882, citada por el autor que analizamos (ibid), se encrespaba contra la tetralogía de Wagner porque en ella aparecía la relación incestuosa de Sigfido con su hermana: "En los tiempos primitivos, la hermana era esposa, y ésto era normal". Insistamos una vez más: tal como volveremos aver, la evitación del incesto esun hecho comprobado -con mayor o menor precisión- en los simios, de manera que es altamente probable que haya sido compartida por los  homínidos más primitivos,  y por el homo en sus diversas expresiones evolutivas, salvo rarísimas y poco claras excepciones como la de Egipto, a la que nos referiremos en un próximo capítulo.

     En otro orden de ideas, los datos de la antropología cultural y de la paleoantropología están lejos de demostrar que la organización familiar poligámica merezca el calificativo de primitiva, ya que se la encuentra, según Lévy-Strauss (1974) sólo "en sociedades muy especializadas y complejas". Por otra parte "al recorrer el inmenso repertorio de sociedades humanas (del orden de las cuatro o cinco mil)  sobre las que, desde tiempos de Herodoto, se han acumulado informaciones de desigual valor, todo lo que puede decirse es que  la familia conyugal parece muy frecuente, y que allí donde su forma aparece alterada nos encontramos ante sociedades donde la evolución social, política,  económica o religiosa
ha seguido una trayectoria peculiar" (Lévi-Strauss,  1988).

 La gran extensión de la existencia de la familiaconyugal monogámica aguarda todavía  una explicación convincente, que  para serlo, deberá tener en cuenta que semejante tipo de organización familar se da en culturas tan diferentes como la nuestra, en la que el interés está centrado en el grupo en sí mismo, y en aquellas otras en que lo priorizado es el vínculo entre los hijos y la familia de origen de cualquiera de ambos progenitores.

     Si bien ciertos autores  como Leakey y Lewin (1980) creen que la familia conyugal nació recién como consecuencia de la revolución agrícola, cuesta aceptar que el homo sapiens sapiens, en su etapa de cazador-recolector,  organizado en grupos de no más de cincuenta miembros, haya tenido otra forma de estructura familiar, o que haya carecido de ella, ya que en cualquiera de ambos casos la posesión de la mujer se hubiera convertido en un grave motivo de luchas internas, capaces de llevar a la extinción a una especie tan mal dotada para la defensa. De manera que  necesariamente la organizaciónfamiliar primitiva tiene que haber sido monogámica, diríamos que casi por razones aritméticas y de necesidad adaptativa.

     Al hablar de razones aritméticas estamos aludiendo a la situación de los primitivos cazadores-recolectores, en cuyos grupos -salvo aquellos realmente excepcionales que practicaban el infanticidio femenino- la proporción de varones y mujeres debe haber sido equilibrada y estadísticamente estable, con lo que la promiscuidad y la poligamia podían convertirse en causa de conflictos intraespecíficos de singular peligrosidad.

     Esta experiencia -muy poco distante  de las conductas instintivas- debe haber sido uno de los primeros objetos de la tendencia humana a la generalización, consecuencia natural de la adquisición de la capacidad de abstracción, y consiguientemente sometida a otra tendencia humana no menos universal: la de valorar todo aquello que nos afecta. Quiero decir que no puede haber pasado mucho tiempo sin que este hecho natural se convirtiera en una norma moral,  aunque frecuentemente transgredida -como sostiene Lévy-Strauss (1974)- a través de "medios tan diferentes como la libertad prematrimonial, la prostitución y el adulterio".

     Redondeando esta primera aproximación a los aspectos históricos y antropológicos de la familia, y a fin de disipar aunque sea parcialmente la sensación de indefinición que producen enfoques científicos que de alguna manera nos resultan contradictorios o divergentes, serán útiles dos citas de Lévi-Strauss (1988), la primera referida a las dificultades que hay que enfrentar al estudiar el tema, y que sirve como definición del organismo social cuya historia nos convoca; la segunda se refiere a la ya mencionada distribución casi universal de la monogamia:

     1) la complejidad del tema obedecería, para nuestro autor, "a la naturaleza dual de la familia, fundada sobre necesidades biológicas -la procreación de hijos, los cuidados que éstos reclaman, etc.- y a la vez sometida a condicionamientos de índole social. (...) Entre la naturaleza y la cultura, la familia, tal como se la observa en el mundo, efectúa siempre una transacción".

     2) "Hoy en día, la tendencia general es a reconocer que la vida familiar, en el sentido que nosotros le damos a esta expresión, existe en todas las sociedades humanas" (ibid).

 Convendrá matizar esta última opinión con otra frase que el propio Lévy-Strauss insertara en el  mismo prólogo del que extractamos las dos precedentes: "La familia conyugal, tal como podemos observarla tanto en sociedades  que han permanecido en un nivel de organización rudimentario como en aquéllas que, como la nuestra, presentan una gran complejidad, no responde a una necesidad universal. Más bien representa una solución intermedia, un determinado estado de equilibrio entre las fórmulas posibles" (ibid).

Por fin me parece imprescindible, antes de adentrarnos en cada uno de los restantes subtemas de este ensayo, que el lector se detenga a reflexionar brevemente sobre el significado de la enorme extensión histórico-cultural de la familia monogámica, la que, a pesar de los cambios sufridos, y tal vez gracias a los mismos, ha desempeñado un papel fundamental en la organización de las leyes orales o escritas que rigieron las distintas sociedades.

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(1) El subrayado es nuestro
(2) Subrayado en el original