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psicologia evolutiva
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Capitulo 3
Salud Enfermedad
Captulo 4
Clnica
Captulo 5
Cultural
Captulo 1
Herencia y desarrollo ontognico - La transmisin cultural
Una vez esbozadas las lneas direccionales de la Evolucin que venimos de enumerar, podemos intentar su traslado al desarrollo ontognico, lo que nos permitir mostrar cmo esta direccionalidad se refleja tambin en el desarrollo de la personalidad de cada individuo. Conviene aclarar que no se trata de una trasnochada resurreccin de la ley biogentica de Heckel -descartada desde hace tiempo en biologa-, segn la cual el desarrollo de cada individuo resume la evolucin total de la especie. Muy por el contrario lo que pretendemos demostrar es que, con la aparicin del homo sapiens sapiens, la transmisin hereditaria trascendi el plano gentico-biolgico, incluyendo prioritariamente los caracteres culturalmente adquiridos. Hablar de cultura implica el presupuesto de un nuevo factor de la Evolucin, el que -luego del cambio de estado que hemos denominado paso a la reflexin- releva a la herencia cromosmica en el primer lugar de los mecanismos de continuidad. Nos referimos concretamente
a la educacin, y a todo el espectro de mecanismos de transmisin de la cultura.
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Como se ha sealado, el animal, gobierna su conducta, en cada situacin especfica, movido por sus instintos, y desde los primeros momentos de su vida se van generando comportamientos, tanto heredados como troquelados. Por el contrario el hombre se gobierna por el espritu. Tanto por el espritu subjetivo, individual, como por el espritu objetivo -que pesa mucho ms- del grupo social en el que crece.. La cultura es la segunda naturaleza del hombre. Incluso cosas tan elementales como la postura y la marcha erguidas no dependen solamente de predisposiciones hereditarias innatas, sino tambin de la influencia ejercida sobre el nio por el ejemplo de los adultos.
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El espritu de la cultura est siendo adquirido por el hombre en todo momento, como un cierre de un proceso circular, pues dicho espritu naci en cierta forma de l. Por esta razn, el ser humano hereda y expresa, en su propia vida, los logros evolutivos filogenticos de la humanidad, expresados en trminos histrico-culturales, mientras contribuye dinmicamente a esos mismos logros. Es as como la transmisin cultural conforma una malla densa y extensa que liga el desarrollo filognico con el ontognico.
Fromm (1941), partiendo de un planteo sociolgico y, a travs de los conceptos de carcter social y adaptacin dinmica, ha llamado la atencin sobre el papel de la cultura en la formacin del carcter, el cual a su vez determina en gran medida la conducta y el desarrollo individual del hombre. Sin embargo preferimos considerar que, si bien la cultura y el carcter -culturalmente forjado- condicionan fuertemente la conducta, no por ello la determinan fatalmente. Como hemos dicho, la libertad le permite al hombre optar entre dos o ms condicionamientos, hecho caracterstico del nivel humano de organizacin de la materia. El hombre es tanto ms libre cuanto ms consciente de los condicionamientos externos e internos, y cuanto ms capaz de posicionarse activamente frente a ellos.
Esta libertad, corresponsable del logro de una identidad en tanto "yo" que decide, constituye uno de los ms altos logros evolutivos del hombre. A la vez la creatividad consiguiente ser la condicin previa de nuevas normas culturales, las que -an cuando los innovadores sean generalmente rechazados por sus contemporneos- con el tiempo precipitan en el espritu de la cultura colectiva, transformndose en marco direccional de novedosos desarrollos evolutivos ontogenticos.
El isomorfismo entre desarrollo filogentico y ontogentico ha sido admirablemente expresado en las siguientes palabras de Teilhard de Chardin:
"lo que en cada uno de nosotros acontece cuando, mientras crecemos, despertamos a nuestro pasado familiar, a nuestras responsabilidades del momento, a nuestras ambiciones y a nuestros amores, no es sino una rplica abreviada de un proceso mucho ms vasto y ms lento: el que hace pasar el gnero humano de la infancia a la edad adulta"
(Teilhard, 1962). Para este pensador,
"al ser superado el margen individual, la herencia se convierte -a travs de la educacin- en social, hasta el extremo de poderse hablar de una 'memoria de la raza', en la cual 'culminan nuestras memorias individuales', y de una 'conciencia colectiva', 'heredada por cada nueva generacin de conciencias individuales"'.
(Teilhard, 1962).
Todava resulta un misterio cmo se produce la acumulacin de este capital filogentico en el hombre. Para Carl Jung, dicho capital constituye lo que dio en llamar el inconsciente colectivo, memoria ancestral de la raza presente en la psiquis de cada individuo. Para los Mennaker (1965) existira un fondo yoico correspondiente a la filogenia que persiste en el yo individual. Otros autores han aportado diversas teoras sobre este particular, pero no estamos an en condiciones de afirmar o de negar rotundamente ninguna de ellas. Sin embargo, y a fin de desalentar negativas apresuradas y dogmticas, es conveniente mencionar que diversas investigaciones han ido acumulando experiencias y observaciones sobre este problema, todas ellas tan difciles de rechazar como de interpretar. Como ejemplo podemos citar una observacin de Jean Piaget (Murchison, 1955). Este psiclogo suizo comprob que un nio de edad escolar atribua el hecho de que una pelota arrojada continuara movindose en el
espacio a que el desplazamiento produce viento, y ste "la empuja por el aire". Tal teora puede hacer sonrer a quien ignore que es la misma con la cual los adultos cotanos de Arqumedes se explicaban la trayectoria de las flechas.
Entonces, a pesar de no disponer todava de una teora acabada sobre cmo se produce esta ligazn entre la historia de la evolucin personal y la de la humanidad en tanto "especie", todo lo antedicho justifica la posibilidad de trazar un paralelismo entre las lneas direccionales presentes en la filogenia, las que hemos descripto en el capitulo anterior, y aquellas que es dable observar en el desarrollo ontogentico, de las que nos estamos ocupando. Sin embargo, antes de describirlas, conviene mencionar brevemente dos principios tericos contrapuestos, desde los cuales es posible observar ese desarrollo. Principios que, como veremos, resultan en definitiva complementarios para la comprensin del proceso evolutivo.
La homeostasis
E1 infante humano nace con una organizacin psquica poco diferenciada. Su experiencia es casi exclusivamente interoceptiva dado que los estmulos externos han sido prcticamente nulos intra tero, y que su equipo sensorial est todava en proceso de adaptacin.
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